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En los foros con los candidatos del gobierno y los de la oposición para las alcaldías Metropolitana, de Libertador y de Sucre que se realizaron hace dos semanas en la sede de Últimas Noticias, todos, todos tuvieron como primera prioridad resolver la inseguridad y como segunda el tráfico.
El tráfico ha ido transformando a Caracas de sucursal del cielo en sucursal del infierno. Si se sumaran las cantidades de horas que los caraqueños pierden en las permanentes colas, el cálculo daría que cada año cada caraqueño pierde un mes de su vida encarcelado en una cola.
Es lógico, por lo tanto, que los candidatos a los cargos más importantes de la Región Capital se preocupen por el tráfico. Sin embargo, por ninguna parte se oyó una propuesta radicalmente renovadora.
El tráfico se genera porque la población realiza una cantidad de viajes, es decir, una demanda de viajes, que supera ampliamente la capacidad del sistema vial, o sea la oferta de viajes. Todas las propuestas se dirigen a aumentar la oferta para que la demanda insatisfecha, origen de todas las colas, se reduzca un poco.
Nuevas vías, vías expresas para el transporte colectivo, semáforos superinteligentes, abundancia de fiscales y muchas más dentro de la misma tónica de aumentar la oferta. Nadie piensa en que se debe disminuir la demanda de viajes. Los viajes consisten en que la población, cada persona, va de un sitio a otro en vehículos por necesidad. ¿Necesidad de qué? Porque hay que ir de la casa a la escuela y regresar a la casa, de la casa al trabajo y volver, a hacer alguna de las miles de diligencias que son necesarias en Caracas para sobrevivir, y las distancias a recorrer son muy largas y hay muchas subidas y bajadas, porque da flojera caminar hasta la panadería y así sucesivamente. Pero ¿es posible reducir el número de viajes en vehículo? Por supuesto que es posible.
El ejemplo de los niños que van a la escuela es evidente y simple de entender. En Caracas hay cerca de 250 mil niños que van a las escuelas primarias. Se estima que más de la mitad van en el carro de sus padres. Es una demanda considerable de viajes. En las épocas de vacaciones, cuando los niños no van a las escuelas, el tráfico en Caracas mejora muchísimo. Digamos que 60 niños que van en 60 carros a sus escuelas tomen un autobús.
Es una buena medida, pero casi inocua. Lo correcto es que ninguno de los 60 niños se monte en un vehículo y simplemente caminen de sus casas a la escuela y viceversa.
Con una medida como prohibir el transporte escolar el tráfico mejoraría automáticamente muchísimo. Lo que hace falta es que la distancia entre las casas y las escuelas sea recorrida confortablemente. Esto no es una utopía. En todos los países con cierto nivel de vida está prohibido el transporte escolar.
Sin mencionar la extraordinaria mejora en el nivel de vida que tendrían nuestros pobres muchachos, condenados a estar encerrados en una lata caliente por horas y horas cada día. El caso de las escuelas es patente y sencillísimo.
Pero hay otras distancias que se pueden acortar para que la gente camine y no use vehículos. La distancia entre las viviendas y los equipamientos de salud, es relativamente fácil, y la distancia entre las viviendas y los sitios de trabajo, es un proceso más complicado pero factible.
La cuestión está en ponerle imaginación y ganas al asunto.
Todos seríamos mucho más felices y todos mejoraríamos la calidad de vida. El esfuerzo vale la pena. ¿Por qué no se intenta? REGRESAR |
| Fecha publicada: 20/11/2008 Fuente: Últimas Noticias Tema: transporte
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