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Qué hará Hugo Chávez el domingo en la medianoche? La pregunta aflora pertinente, sin premeditación ni intrigas. Sin la arrogancia que suele generar a veces el éxtasis del triunfo. En materia de elecciones hay quienes prefieren que la ilusión le ceda el paso a la realidad, y los resultados del 23N auguran que habrá festejos en ambos bandos, ya que candidatos chavistas y opositores serán electos gobernadores y alcaldes.
Pero esto no es suficiente para Hugo Chávez.
El avance de los factores de oposición en un escenario que el Presidente ha convertido en su propiedad -según el esquema hegemónico de su revolución- podría hervirle la sangre y reaccionar igual o peor que la madrugada del 2D.
De modo que esta pregunta deberían hacérsela de una vez los rectores del CNE, una institución que en otros países adquiere verdadero rango de juez, pero que en Venezuela, en los últimos años, es visto como un aliado del gobierno. ¿Hace falta explicarlo? Veamos: para salir en defensa de sus candidatos, que no abrieron la boca durante la campaña electoral para explicar al menos sus propuestas, Hugo Chávez abusó de la majestad presidencial y recorrió el país usando vehículos y demás recursos de los ministerios, pero la rectora Tibisay Lucena no lo advirtió como un acto de ventajismo.
El asunto no se limitó sin embargo a que fuera una campaña electoral desequilibrada, sino que durante 183 días el país observó a un Hugo Chávez en su esencia antidemocrática y hasta fascista, burlando las reglas de juego, insultando a gobernadores y candidatos; e incluso humillando a sus aliados del PCV y PPT. En todo ese tiempo, un tal Germán Yépez no logró apreciar un acto de violación de las normas electorales. Peor aún: tuvo el cinismo de calificar las ofensas y groserías del Presidente de la República como una suerte de metáfora electoral.
Pero ya eso forma parte de un pasado vergonzoso. Las fuerzas de oposición soportaron con valentía y estoicismo estas provocaciones, y como aquel jugador que participa en un partido de beisbol, a sabiendas de que el árbitro favorece abiertamente al equipo contrario, se echó su campaña al hombro y salió a convencer a los electores, sin ofenderlos ni humillarlos si pensaban diferente.
Entonces, vuelvo a la pregunta antes de que sea demasiado tarde, y se la dirijo abiertamente a Tibisay Lucena y a Germán Yépez, dos de los más ostensibles rectores rojitos del CNE. ¿Tendrán ustedes el valor de explicarle en la medianoche al líder de la revolución bolivariana que ha habido ganadores de uno y otro bando, y que el principio básico de una democracia es que quien gane sea generoso con el adversario y que quien pierda tenga la suficiente grandeza de aceptar la derrota. ¿Seguro que lo harán? REGRESAR |
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