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Presionado por el declive en el precio del petróleo, Hugo Chávez afirmó el 27 de diciembre que 'los primeros días de enero voy a hacer anuncios económicos', adelantando que la meta principal es 'aumentar los ingresos', 'por la vía de las exportaciones no petroleras'.
La posibilidad de lograr que la enorme dependencia del petróleo, producto que provee 93 de cada 100 dólares de ingreso disminuya velozmente, en un escenario donde la inversión registra una caída de 2,1% en 2008 y la moneda presenta una fuerte sobrevaluación, luce prácticamente imposible, de tal forma que el Gobierno contempla instrumentar nuevos impuestos.
Fuentes financieras explican que el Ejecutivo evalúa un impuesto de 2% a los pagos con tarjetas de crédito, débito y transferencias electrónicas, que marcaría el fin de la era de rebaja en los tributos.
Entre 2004 y 2008, el precio promedio de la cesta petrolera venezolana registra un salto estelar desde 32,22 dólares hasta 88,74 dólares.
De la mano del crudo, la administración de Hugo Chávez va a chapotear en efectivo. La lluvia de petrodólares en cinco años asciende a 294 mil 934 millones, un tesoro que básicamente va a ser orientado al gasto, a multiplicar becas, salarios, subsidios, créditos preferenciales, nuevos ministerios, nacionalización de empresas, creación de bancos, toma de fincas, aumento de la nómina pública.
Medido en términos del PIB, el gasto del sector público va a dispararse desde 31,9% en 2004 hasta 39,4% en 2006, para descender a 35,7% en 2007. De hecho, la administración de Hugo Chávez desembolsa en 2006 el equivalente a 71 mil 499 millones de dólares, una magnitud que representa un salto de 102% versus las erogaciones de 2004.
Este incremento sustancial del gasto, gracias al ingreso petrolero, viene acompañado de una rebaja de la tasa del IVA desde 16% hasta 9%; eliminación del Impuesto al Débito Bancario (IDB) en 2006 y del Impuesto a las Transacciones Financieras, que tan sólo permanece entre noviembre de 2007 y junio del pasado año.
Vuelta al vértigo La urgencia por incrementar las fuentes de ingreso del Ejecutivo es clara. Después de alcanzar la cima de 129 dólares en julio, la cesta de crudos del país registra un acelerado declive que lo lleva hasta 32,14 dólares al cierre del 19 de diciembre.
El presupuesto de este año contempla un precio promedio del petróleo en el orden de 60 dólares el barril, de tal forma que en este momento la partida de ingresos por esta vía presenta un déficit cercano a 50%.
El descenso del ingreso de divisas ya obligó a disminuir a la mitad la asignación de dólares para viajes y muy posiblemente el Gobierno se vea forzado a reducir la cantidad de productos que se importan con el tipo de cambio oficial de 2,15 bolívares por dólar.
La posibilidad de obtener financiamiento en el mercado internacional es bastante complicada. Los inversionistas, sacudidos por las pérdidas que ha generado la crisis en Estados Unidos, han optado por refugiarse en los bonos del Tesoro y hay una fuerte aversión a la compra de bonos de países emergentes.
El riesgo país, una medida que indica la diferencia entre el rendimiento que exige un inversionista para no comprar bonos del Tesoro de Estados Unidos y adquirir papeles venezolanos alcanza máximos históricos.
En este entorno, analistas no descartan una devaluación.
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