El gran partido de la revolución bolivariana, hijo dilecto del comandante Hugo Chávez, es, según su primer vicepresidente, Alberto Müller Rojas, 'un partido que no existe'.
'No había discusión en los batallones socialistas, sólo se activaban para buscar cambures. Vamos a colocar al partido en la realidad, un partido pagado no sirve para nada, es un partido de mercenarios', sentenció Müller Rojas al consultarle sobre la anunciada reestructuración del Partido Socialista Unido de Venezuela.
La tarde del jueves, a través de Venezolana de Televisión, el PSUV divulgó un comunicado donde informó que desarrollará su 'congreso extraordinario' en agosto. En ese foro se decidirá, entre otras cosas, la 'conformación de las autoridades definitivas' de la organización.
La directiva actual fue elegida el 9 de marzo de 2008. Su carácter es 'provisional' y tenía como objetivo conducir a la formación durante un año.
A la base
En declaraciones publicadas por este periódico el 26 de febrero, Müller Rojas aseguró: 'Hay ya un acuerdo en la dirección nacional de sugerirle al presidente Hugo Chávez que se mantenga la estructura actual por un tiempo mayor del que estaba previsto'. Así buscaban evitar 'roces internos que serían perjudiciales para la existencia del partido', explicaba el general. Sin embargo, el lunes pasado la vicepresidenta regional, Ana Elisa Osorio, replicó: 'Aún no hemos llegado al consenso de qué es lo que más le conviene a la salud política del partido'.
El miércoles, luego de reunirse con Chávez, comprendieron que lo más saludable es renovar a la plana mayor. 'A un sector de la dirección no le gustó mi idea y lanzaron una contrapropuesta. Al final, el Presidente se inclinó por esta segunda opción', comentó Müller Rojas.
Pero los vientos de cambio no sólo estremecerán la cúpula. 'Tenemos que reestructurar los batallones socialistas, hay unos que son fantasmas, que nada más existen en el papel', confiesa el portavoz del PSUV. También seleccionarán a otros delegados para que intervengan en el 'Congreso extraordinario'.
El año pasado, 1.861 delegados, representando a las distintas circunscripciones socialistas del país, participaron en el 'Congreso fundacional'. Cada uno planteó a Chávez tres candidatos a la dirección nacional. Superada esta fase, el jefe de Estado depuró la lista, reduciéndola a 69 nombres. Los críticos de este sistema denunciaron que esos delegados habían sido impuestos por gobernadores, alcaldes, diputados y demás miembros de la burocracia.
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