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Convencido de que 'ya cumplió con la Administración Pública' al estar 8 años en el gobierno, José Vicente Rangel prefiere dejar a un lado su condición de ex vicepresidente, ex canciller y ex ministro de la Defensa para 'opinar como comunicador social' y advertir que pactos como el de Puntofijo son 'irrepetibles', pero a su juicio sin abandonar posiciones se impone 'instaurar el diálogo por abajo, con respeto a la Constitución' para 'superar la crispación'.

Desde su oficina, rodeado de imágenes de Bolívar y fotos que dan cuenta de su cercanía al presidente Hugo Chávez, Rangel recomienda buscar 'interlocutores válidos' para atacar los temas que afectan a chavistas y opositores por igual. No deja de responder su celular y entre llamada y llamada traza la ruta que considera hay que seguir para reconciliar a los venezolanos.

-¿Cómo instalar un diálogo si el Presidente el mismo día de las elecciones regionales descalificó a los ganadores de la oposición?

-Podía repreguntar diciendo cómo establecer un diálogo cuando esos dirigentes opositores lo primero que hacen es descalificar al jefe de Estado. No puede haber diálogo si no hay un reconocimiento recíproco.

-Pero la responsabilidad de llamar al diálogo es del Gobierno. Por ejemplo, el gobernador de Miranda reconoció al Presidente y dijo estar dispuesto a dialogar.

-Y el Presidente reconoció inmediatamente a todos los que ganaron cargos de representación popular. No lo hizo de la boca para afuera.

-¿Eso cómo se evidencia en la práctica?

-Ha venido reiterando que es necesario crear condiciones para el diálogo sobre la base del respeto irrestricto a la Constitución y al Estado de Derecho. Se hace bastante difícil dialogar, y eso lo tiene que entender la oposición, cuando comienzan por descalificar al Consejo Nacional Electoral (CNE), para echar sombras sobre los resultados electorales, por decir que los poderes públicos están colonizados por Chávez. Debe haber un mínimo de respeto; si no, es imposible el diálogo.

-¿Ambos se irrespetan?

-Creo que con la experiencia que tenemos en Venezuela, quien debe dar manifestaciones de respetar las instituciones, porque ya las irrespetó al máximo, es la oposición. Porque la oposición fue la autora del golpe del 11 de abril y del paro. Prácticamente ninguno de esos factores se ha retractado de esa posición. No podemos enfrascarnos en este tipo de discusión. Hay que buscar la manera de construir una especie de hoja de ruta para el diálogo. ¿A partir de qué? De la Constitución. Allí están explicitadas las reglas del juego. Creo que no nos pueden perturbar algunos aspectos del lenguaje, porque entonces caemos en que si Chávez descalifica a la oposición y viceversa. Esa es la esencia de la política.

-Las descalificaciones de la oposición no se pueden ver también como mero discurso.

-No, la oposición tiene que dar pasos firmes, porque la oposición está en mora con una declaración categórica y tajante de respeto a las reglas del juego.

-¿Qué esperan que hagan? ¿Qué se arrodillen y pidan perdón por los errores?

-No, no le pido que se humille. En primer lugar, yo creo que el resultado del 15 de febrero indica que hay una oposición que debe ser respetada. Y al mismo tiempo indica que hay una fuerza revolucionaria que debe ser respetada por la oposición. Por eso insisto en la necesidad de respeto recíproco como base para cualquier cosa. Se abre paso a una reflexión en torno a los resultados del 15 de febrero. Hay que desentrañar las claves de lo que quiso decir el electorado.

-¿Cuál es su lectura?

-Confirma que hay dos bloques en el país, cada uno con una votación importante. Pienso que es absurdo desconocer la realidad opositora, porque esa realidad la ha reconocido el pueblo. Se trata de buscar eso que se llama interlocutores válidos. La calidad de interlocución la otorgan precisamente los votos.

Nos gusten o no algunos interlocutores, es el pueblo quien dictaminó que esas eran las personas, los movimientos, los partidos que representan a un sector importante de la población. De golpe aparecen interlocutores impredecibles, como el caso de la sinagoga, que se le dio una dimensión política que llevó a que voceros opositores se precipitaran. Cuando estaba la situación más confusa apareció un interlocutor, el presidente de la Asociación Israelita, Elías Farache, con quien Chávez estableció un diálogo muy respetuoso que sirvió para superar la crisis. Ahora me pregunto: ¿No hay otros personajes en el mundo político, económico, social y cultural que puedan convertirse en interlocutores confiables?

Aquí tenemos algunas experiencias sobre diálogo. Yo sostengo que Chávez ha sido el Presidente más dialogante, y me remito a la Historia. Quince días después del golpe del 11 de abril, Chávez designó una comisión para dialogar con todos los sectores del país. Eso no lo hace ningún Presidente en el mundo. Chávez lo hizo, y cuál fue la respuesta de la oposición: dijeron en la calle que estaba chorreao. Pero uno no puede vivir como la mujer de Lot, mirando atrás.

-Pero así vive Chávez.

-No, Chávez una de las virtudes que tiene es que mira hacia adelante y por eso tiene jodida a la oposición, la cual sí vive mirando el retrovisor. Entonces busquemos los interlocutores, y en tercer lugar en esta hoja de ruta están los temas. Plantear el diálogo en términos macro es un error. Si aquí hay voluntad de diálogo hay que comenzar construyéndolo por abajo en torno a los problemas del elector del 15F. ¿Cuál es el problema más agudo de Venezuela? La inseguridad. Ese es el problema que afecta a ricos y a pobres, a los chavistas y opositores. ¿Acaso esa urgencia no es suficiente para que en una disposición de diálogo se comience por allí?

-¿Cómo materializamos el diálogo en esa materia?

-Hay que convocar a la gente que maneja el tema, que no está exclusivamente en el chavismo sino en vastos sectores de la sociedad. Es un tema fundamental y está visto que no lo puede resolver ni el Gobierno ni la oposición. El Gobierno, porque hasta hace poco subestimó el tema, y la oposición, porque también lo subestimó. Cuando la oposición, por ejemplo, acusa al Gobierno de ser responsable de la inseguridad se olvida de que uno de sus líderes más importantes ha sido gobernador de Zulia, el estado con el mayor índice delictivo. Si asumimos politiqueramente el tema no habrá respuesta al problema y defraudaremos a los venezolanos.

Otros temas serían la inflación y el de la vivienda. Y cito un problema que para mí es determinante: el funcionamiento de la Administración Pública. Esa Administración sigue siendo tan ineficiente como en la IV República, en ella conviven las perversiones de la IV y la V Repúblicas. ¡Hasta cuándo el venezolano no puede registrar normalmente un hijo en el Registro Civil! ¡Hasta cuándo hay que bajarse de la mula para conseguir un pasaporte! ¡Eso fue inaceptable en la IV y es inaceptable ahora! Cito ejemplos concretos en torno a los cuales se puede dialogar.

-Además del respeto, ¿qué otra condición impone ese diálogo?

-A mí no me puede venir a decir un vocero de Fedecámaras que para dialogar hay que discutir si el Gobierno está dispuesto a echar para atrás su proyecto económico, porque no se puede. Se trancó el serrucho, así no se puede discutir. Es como que uno responda: para discutir con ustedes necesitamos que abjuren el derecho de propiedad.

-Usted habla del ex gobernador Manuel Rosales. Antes de las elecciones de 2006, el Presidente dijo que si Rosales le reconocía su triunfo estaba dispuesto a invitarlo a un café en Miraflores, pero han pasado 2 años y nada.

-Es posible que se deba a la pugnacidad. Pero Rosales mantiene las mismas objeciones contra el Presidente. Hay que reconocer que eso existe porque somos seres humanos, pero ello no puede impedir que en una circunstancia como ésta los venezolanos se puedan sentar. No es que se van a repetir los pactos de Puntofijo, los acuerdos de la IV República, eso es imposible. Yo estoy de acuerdo con el diálogo abierto, franco, pero con interlocutores, porque el país como tal es una abstracción.

-Pero si ves a los líderes en la misma mesa mandas una señal al país.

-El problema no es que sienten los líderes, es que se escojan los temas para buscar las personas que en nombre de los distintos sectores puedan sentarse a conversar en positivo

-¿Los opositores en cargos de elección popular son interlocutores del Presidente?

-No es que el Presidente los escoja ni que ellos se autoproclamen como interlocutores, sino que el pueblo los colocó en esa posición. Ellos tienen una legitimidad que emana del 23 de noviembre y que hay que respetarla. Quien dude de eso está prejuiciado o está atrapado en la maquinaria terrible del odio y del desconocimiento total del adversario. Así como en la oposición hay gente que no reconoce que Chávez es Presidente.

-Por su discurso da la impresión de que el Presidente necesita el enfrentamiento.

-Sobre una imagen deformada de lo que es Chávez se pretende construir una política. El adversario necesita esa imagen para justificar sus exabruptos. Es más fácil pelear con un Chávez que es pintado como un hombre desbocado y arbitrario que con un Chávez al cual hay que reconocerle que ha tenido, en momentos verdaderamente difíciles, la capacidad para saber lo que conviene hacer, como el 11 de abril de 2002.

-Ese es el Chávez que usted conoce, pero en público se ve a un Chávez que reconoce la derrota y a los dos días la llama 'victoria de mierda'.

-Y qué se va a hacer con una oposición que le mienta la madre, que descalifica las instituciones, que ante cada elección dice que hay fraude. Por eso te digo que no se puede ser cautivo de la palabra, no se puede ser prisionero de ciertas imágenes que hemos construido. Hay que desmontar esa imagen catastrofista de la oposición y hay que desmontar también la imagen catastrofista de Chávez; si no, vamos a matarnos. A la larga terminaremos matándonos si no hay un diálogo, porque la crispación va cobrando cuerpo.

-¿Rangel está dispuesto a participar en el diálogo?

-No, no estoy dispuesto.

-¿Y a volver al Gobierno?

-No. Tampoco me han llamado. Son decisiones que toma el Presidente.

-¿Pero volvería?

-No, ya cumplí con la Administración Pública. Por 8 años.

-Algunos dirán que es muy cómodo criticar a la Administración cuando estuvo en ella...

-Hice todos los esfuerzos en las áreas que me tocó. Introduje modificaciones, fundamentalmente en la política de seguimiento, que es muy frágil. Pero esa es una maquinaria tremenda, la maquinaria burocrática.

-¿Pero tiene solución?

-Tiene solución a través de medidas muy duras, las cuales hay que concertar.

-Otro problema puntual del caraqueño es el tráfico, ¿por qué el Gobierno no se sienta con los alcaldes en vez de decir no al Pico y Placa?

-Es una buena recomendación. Que presionen. Vamos a presionar para que se den cosas también, porque el diálogo tampoco es algo que cae del cielo.
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Fecha publicada: 08/03/2009
Fuente: El Universal
Tema: politica

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