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Están los que ensucian y los que limpian. Los que lo visitan para hacer ejercicios y los que van a hacer rezos. Otros, simplemente, viven allí. Razones diferentes y rutas distintas, pero todos se encuentran en el mismo vulnerable lugar: el cerro Ávila.
Así persiste el parque natural de Caracas, entre problemas ambientales y sociales, siempre afectado, de una forma u otra, por lo urbano. 'Hace falta crear más conciencia', dicen todos, tanto usuarios como funcionarios de este pulmón vegetal.
La ruta a Sabas Nieves, a simple vista, está limpia de desechos. Pero en el área vegetal del parque que roza la Cota Mil la basura es protagonista.
Con sus 60 años encima, Israel Sandia, un médico jubilado, baja despacio por el sendero de Sabas Nieves. Su paso es lento pero no por el cansancio, sino porque recoge cualquier desecho con el que se tope en su camino, iniciativa personal que practica desde hace cinco años.
Llenó ya la mitad de la bolsa que trae colgada en la cintura, y todavía no llega a la mitad del camino. No se queja por hacer esa tarea, pero sí critica a quienes dejan sus desperdicios a lo largo del sendero.
'Sabas Nieves se mantiene limpio por la colaboración de un grupo de personas que baja con su bolsa de basura. Hay gente que viene esporádicamente, que es la que más ensucia, y también los vividores de la montaña, que dejan botellas y papeles en cualquier lugar', dijo.
Si Sandia hiciera lo mismo en la zona del Ávila que colinda con la avenida Boyacá, una bolsa no sería suficiente. De allí, las autoridades del Instituto Nacional de Parques sacan 3 camiones de basura semanalmente la limpieza se hace 3 veces por semana, a los que se suman otros 2 de los desechos que recogen en los 27 puestos de guardaparques distribuidos en las 85.192 hectáreas del lugar.
Los cálculos son del coordinador del Parque Nacional El Ávila, Javier Hernández, quien señala que los 144 funcionarios de Inparques y los 170 del Escuadrón Montado de la Guardia Nacional no se dan abasto para limpiar la basura de los 5.000 visitantes diarios de la montaña, a pesar de que no hay déficit de personal.
'Ningún organismo tiene la capacidad de recoger la basura que se genera por el flujo de tantos usuarios. El asunto no radica en que el lugar esté limpio porque se asea más, sino en que esté limpio porque ensuciamos menos', indicó.
Y las visitas siguen en aumento. A Sabas Nieves suben unas 3.000 personas, solamente los fines de semana y, además de los desechos, se ha acelerado la erosión del camino de tierra, informó Hernández.
Pero hay otros visitantes; no sólo los que van a escalar, sino refugiados: drogadictos, alcohólicos, personas con problemas mentales y hasta niños y adolescentes que, según Hernández, buscan resguardo entre la vegetación de la montaña y también dejan allí sus desperdicios.
En un operativo especial, a principios de marzo, la brigada de Inparques recogió a doce niños con entre 10 y 16 años de edad, todos sin hogar.
'Son niños en situación de calle que, por un problema social, han buscado el parque nacional como refugio. Los recogemos, les damos de comer, los bañamos y los llevamos a la Misión Negra Hipólita. Sin embargo, en las noches los vemos otra vez aquí', dijo Hernández.
Mientras Sandia bajaba, tres jóvenes subían. Llenos de collares, santos y muñecos, dijeron que se dirigían a Quebrada Chacaíto para 'hacer una tarea'. Al menos eso fue lo que declararon al guardaparques de Sabas Nieves cuando les decomisó paquetes de tabacos, velas, aceite e incienso.
Pasaron inadvertidos frente a los dos funcionarios que resguardan la entrada a la montaña. 'Eran unos santeros y llevaban las cosas escondidas en los bolsos. Dijeron que iban a hacer unos lavados de santos en la quebrada', señaló Vargas.
Yelitza Llarena, que acostumbra visitar el Ávila para hacer ejercicios, dice haber visto gente que va a hacer ritos en el lugar. 'Dos o tres veces he notado cosas extrañas, van a hacer actos de santería y se oyen los cantos que gritan', indicó.
Javier Hernández ya perdió la cuenta de los altares que ha desmantelado. Se acostumbró a encontrar gallinas muertas, perros enterrados, cabras amarradas a los árboles e imágenes de santos en los refugios del parque, sobre todo a lo largo de la avenida Boyacá, indicó.
'Estamos pasando de un problema de contaminación a un problema de insalubridad porque esos animales se descomponen', se quejó.
Conciencia ambiental. Como el ejemplo de Israel Sandia hay pocos. El guardaparques de Sabas Nieves, Oswaldo Vargas, dice que hay unos 20 colaboradores como el médico jubilado.
Pero para ellos, la basura sigue siendo un inconveniente: 'Desgraciadamente, es un problema de educación. Hay que tener un poquito de cultura y de sentido común', explicó Hernández.
A su juicio, hay que seguir el ejemplo de Kathy Prato que, con 24 años subiendo la cuesta del Ávila, enseñó a sus hijos a tratar de mantener el parque libre de basura. 'Hay que hacer más campañas', pide.
Pero Hernández replica: '¿Tenemos que poner aviso a todo? Entonces vamos a llenar el país de avisos', concluye.
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| Fecha publicada: 22/03/2009 Fuente: El Nacional Tema: acerca
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