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La Feria Iberoamericana de Arte llega a su edición número 18. Esto significa indudablemente muchas cosas, sobre todo en un contexto en el que el espíritu emprendedor en el marco de las iniciativas culturales regularmente no logran superar la primera o segunda edición. Entonces, cumplir de manera consecutiva 18 años es un referente de paciencia, constancia, tenacidad, emprendimiento y desprendimiento. Toda una saga que ha sido acompañada de disruptivos episodios de nuestra vida económica, política, social y cultural: golpe de Estado del 27 de noviembre de 1992; separación de la Presidencia de Carlos Andrés Pérez; liberación de la cárcel de Hugo Rafael Chávez Frías, cabeza visible del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992; triunfo electoral de Rafael Caldera con la alianza de centroizquierda conocida como el chiripero; crisis financiera, carros bombas y control de cambio; triunfo electoral del polo patriótico; proceso constituyente, promulgación de la Constitución que define nuestro sistema democrático como participativo y protagónico; la República queda definida como bolivariana; relegitimación de poderes; tragedia de Vargas; golpe de Estado del 11 de abril de 2003; Carmonada; el 13 de abril de 2003 Hugo Rafael Chávez Frías regresa al poder, crisis política; paralización de las actividades petroleras; militares en la plaza Francia de Altamira; mesa de negociación facilitada por la OEA; nuevo control de cambio; referéndum revocatorio, etc, etc.
Resulta evidente que en este contexto hablar de la factibilidad de una iniciativa cultural de carácter esencialmente privado se convierte en un ejercicio digno de las historias de caballería narradas por el novelista Cervantes. Es decir, imaginar la FIA desde una perspectiva histórica resulta una especie de crónicas de aventuras quijotescas. Perdón, más bien asemeja la lectura de ese maravilloso cronista de Indias que fuera Juan de Castellanos al narrar las venturas de los hombres que emprendieron el desconocido camino de las tierras de América: 'Veréis ganarse grandes potentados / Inexpugnables peñas, altos riscos, / No con cañones gruesos reforzados / Ni balas de fumosos basiliscos; / Más de solos escudos ayudados / Y puntas de acerados obeliscos; / Siendo sólo los brazos instrumentos / para tan admirable vencimiento'. Ahora bien, ustedes se preguntarán qué pretendo señalar con todo esto. Bueno, ponderar la Feria Iberoamericana de Arte resulta un ejercicio complejo. Los curadores y críticos de arte siempre estaremos empeñados en que la FIA y las galerías que en ella participan asuman nuevos riesgos, nuestro código de actuación supone ampliar las barreras de percepción del público general y especializado. Además, esto resulta imperativo en un país en el que asumir riesgos resulta vital para transformar el statu quo de las cosas. Claro está, dejando claramente establecido desde mi perspectiva que la FIA como iniciativa vinculada a promover el desarrollo del sistema comercial asociado a las artes visuales constituye una arriesgada iniciativa que durante 18 años, y contextualmente a contracorriente, ha brindado a la ciudad de Caracas la oportunidad de disfrutar una temporada que hace posible sostener, incluso más allá de la dFIA, un diálogo diverso, controvertido y activo con la visualidad.
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| Fecha publicada: 30/06/2009 Fuente: El Nacional Tema: cultura
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