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Extrañaría que la burocracia militar –diferente a la “adhocracia” de la función actual de la defensa- no resistiera mediante la conspiración las profundas transformaciones que ocurren en el seno de la FAN. Añoran la condición estamental que caracterizó durante los últimos 50 años la vida de las instituciones de defensa, en la cual la seguridad estratégica del Estado se concebía como una empresa dirigida por un funcionariado con una autoridad legal-racional que obedecía a normas vigentes. Están concientes que la democratización de la actividad militar constituye una pérdida de su poder, al colocarla como una función social cuyo desarrollo es una corresponsabilidad de todos los ciudadanos. Ciertamente, la burocratización, un proceso relacionado con la centralización política y el capitalismo, les permite a los funcionarios liberarse del control social, incluyendo el ejercido por los propios miembros del estamento, y enmascara el poder real de una oligarquía (una clase dominante) que controla los mandos y no ha perdido el poder de decisión.
De allí su refugio en el mito del apoliticismo militar. Una figura que le da a la corporación castrense un poder supraconstitucional, que coloca al Estado, a la sociedad y a los ciudadanos dentro de una “jaula de hierro”, en una red de preceptos y procedimientos que dejan poco espacio para la libertad. Pero es un poder puramente formal, como lo es el de las instituciones de gobierno. El real continúa en manos de la oligarquía.
Por ello no asombra que esa élite, a través de una propaganda alienante, hoy nuevamente pretenda explotar para sus fines privativos ese descontento potencial de los componentes burocratizados de la FA. Así no sorprende que el tema dominante de su agenda actual sea la politización de la institución militar. En este caso los sorprendidos podrían ser, como lo ha sido hasta ahora la pequeña burguesía en general, los funcionarios militares que tienen empleos en el aparato de defensa del Estado. Ellos no han entendido que el burocratismo no funciona en situaciones críticas en las cuales se impone el liderazgo. Y la guerra y los demás procesos de violencia política, reflejan situaciones de crisis social en las cuales no funcionan los procesos burocráticos. Fueron innumerables los liderazgos que surgieron frente al golpe de Estado del 2002, impulsado por la burocracia militar, tanto en lo que hoy es la guardia territorial como en las fuerzas activas. Y esos liderazgos, coordinados tácitamente, superaron en eficacia la autoridad legal-racional establecida, adjudicándose la victoria. Si la oligarquía tradicional cree que puede desplazar del control del poder al liderazgo actual que lo detente, mediante un golpe de la burocracia militar, se olvida que la eficiencia de esta depende de la racionalidad de sus decisiones. Y si estas son ilógicas, la acción de esos mandos se reducirá al papeleo, como se sintetizó el 11A, cuando todo se concretó en el documento de renuncia del Presidente y en la preparación de decretos para formar gobierno. Lo militar es uso de la violencia, y a los burócratas no les agrada abandonar la molicie de sus despachos. REGRESAR |
| Fecha publicada: 07/05/2007 Fuente: VEA Tema: gobierno
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