Seguramente usted ha escuchado que si una persona es adicta a alguna droga ilícita (como marihuana o cocaína) debe buscar tratamiento por sus propios medios, y nunca debe ser obligada a acudir a consulta especializada. Pero esas ideas cambiaron. Según Domingo Hernández, médico psicoterapeuta, los farmacodependientes tienen que ser sometidos a tratamiento aun contra su voluntad.
¿Por qué? Porque el enganche con las drogas es una enfermedad, y quien la sufre carece de la capacidad de buscar soluciones o de pedir que la ayuden por sus propios medios. Hay que partir de que el individuo está intoxicado, con una capacidad de raciocinio trastocada. Esto significa que las alternativas deben ser planteadas por familiares, vecinas o vecinos. "Después de 15 días o 1 mes de hospitalización, la persona agradece haber sido trasladada", asegura Hernández.
De cualquier manera, se llegue a la atención médica por cuenta propia o por la decisión de seres queridos, el primer paso es la desintoxicación: un proceso de duración variable, en el cual se auxilia con medicación. Al superar esta fase, se insiste en que tome conciencia del problema, y continúa la terapia, con elementos como la capacitación en valores, dignidad, respeto, amistad y cosas que se han dejado de lado por el consumo (responsabilidad en el trabajo, en los estudios).
También se hace énfasis en el proyecto de vida y la reinserción familiar.
Hernández recalca que no ha visto mejores resultados antes de un año o un año y medio de hospitalización.
En su opinión, el tratamiento ambulatorio es una estrategia que no funciona porque el sujeto busca excusas para incumplirlo.
De vuelta a la calle.Una vez que el individuo regresa a la calle, debería trabajar y estudiar (para ocupar el tiempo), y asumir modificaciones drásticas. "Le toca variar de sitio de residencia, de amistades", enfatiza Hernández, "porque cualquier permiso que se dé, por ejemplo, conversar con alguien con quien ha consumido, puede reincidir".
Sin embargo, el psicoterapeuta destaca que la farmacodependencia no se soluciona con un cambio geográfico.
"Esta es una enfermedad para toda la vida. El adicto no podrá evitar que en un momento determinado le venga el pensamiento o la urgencia por consumir; siempre estará en riesgo. Pero la terapia la entrena para que lo haga, para que pueda decir que no". A menor edad de consumo (entre 12 y 25 años), más fácil la recuperación.
La reinserción no debería ser a solas. Es un camino muy duro por recorrer. Lo recomendable, de acuerdo con Hernández, es que un familiar, vecina o vecino acompañe a la persona prácticamente las 24 horas. El resto de su vida debería estar ligada a fundaciones, programas o contactos terapéuticos.
Dependencia inesperada.
El uso de drogas no soluciona nada; por el contrario, empeora cualquier situación previa. Generalmente, se recurre a ellas por depresión, búsqueda de placer, justificación ante un grupo y sentido de pertenencia.
Casi todas las miradas se posan sobre las sustancias ilícitas. Pero las lícitas también constituyen un dolor de cabeza. "Si alguien toma pastillas para resolver la ansiedad o el insomnio, y se toma la pastilla cada vez que se siente mal, puede llegar la farmacodependencia", advierte el médico.
"Por eso insistimos en que lo importante es buscar la solución a lo que nos inquieta".
Cuando hay tolerancia y abstinencia, hay dependencia. Tolerancia, explica Hernández, es el fenómeno por el cual el individuo demanda una dosis mayor de un compuesto para lograr el efecto inicial. La abstinencia se entienden como las reacciones psicológicas y físicas (taquicardia, sudoración, irritabilidad) que ocurren al suspender el consumo.
¿Qué engancha a un ser humano al alcohol, la marihuana, el cigarrillo, la cocaína, la heroína? Entre otros factores, la estructura de personalidad, y por supuesto, la sustancia. REGRESAR |