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| El crecimiento acumulado de la inflación desde 1998 hasta los primeros siete meses del año en curso, ha sido del 655%. A partir de 1998, año en que la inflación finalizó en 29,9%, este indicador venia mostrando una progresiva disminución hasta el año 2001. En 1999, el aumento de los precios de los bienes y servicios fue de 20%, al año siguiente cae a 13,4% y finaliza el 2001 en 12.3%. Producto de la crisis que afectó al país a partir del año 2002, la inflación asciende a 31,2%, cae en el 2003 a 27,1% y continúa su disminución para ubicarse en el 2004 y 2005 en 19,2% y 14,4% respectivamente. Sin embargo, en el 2006, este indicador sube nuevamente y alcanza el 17%, continúa ascendiendo para colocarse en el 2007 en 22,5% y sube aún más en el 2008 a 30,9%, convirtiéndose en la inflación más alta de América Latina y siendo el único país de la región en finalizar la medición de este indicador en dos dígitos. Los hechos demuestran que el gobierno no ha tenido éxito en el control de la inflación, afectándose seriamente la capacidad de compra del venezolano y su nivel de bienestar. El ahorro en Venezuela, con tasas en la banca de un promedio de 12,6%, no constituye una realidad de consumo futuro. El ahorrar se ha convertido en una promesa de detrimento de consumo futuro, pues la inflación sobrepasa el rendimiento de las tasas de interés. Una elevada inflación Lo que no podemos seguir haciendo es actuar por medio de una estrategia de huida hacia adelante. Se está actuando de la siguiente manera: se genera inflación, se controlan los precios, existe desabastecimiento, entonces perseguimos a las empresas y creamos nuevas trabas y regulaciones. Este círculo vicioso estrangula a las fuerzas productivas económicas y no le permite al gobierno poder cumplir sus objetivos de sanear la economía y disminuir la inflación dada en buena parte por la ineficiencia en los controles, poca producción nacional, poca propensión a la inversión y una política cambiaria inadecuada. Una elevada inflación estropea, aún más, las expectativas sicológicas de los agentes del mercado. Una profundización negativa en la percepción en esta materia tendría, a su vez, malas consecuencias sobre el poder adquisitivo de los hogares, sobre el ahorro, las tasas de interés, y, en general, sobre los mecanismos de fijación de precios y salarios en la economía. Si algo hay para cuidar en Venezuela es que este fenómeno no siga afectando el bolsillo de los venezolanos. Las medidas económicas mantenidas hasta la fecha lo que han permitido es erosionar el poder adquisitivo de nuestra moneda y la capacidad de compra de los venezolanos. REGRESAR |
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