Si algo ha caracterizado a la revolución bolivariana es su sabiamente adiestrada capacidad para hacerse la boba cuando la situación apremia. O, como hasta hace poco, mantener bien escondido, convenientemente agazapado, el asunto militarista y castrocomunista que encierra el grito épico de patria, socialismo o muerte.
Por años, el líder fundamental negó rotundamente su médula socialista, si acaso ciertamente existe. La famosa intervención en La Habana recién salido de los calabozos de Yare, transmitida por los medios posteriormente, fue una de las primeras excusas del singular dirigente, para atacar, descalificar e insultar a los medios.
"Ahora les dio por decir que yo soy comunista. ¡Mentira! Pura manipulación de los poderosos. Lo que buscan es que la gente agarre miedo y no vote por mí", afirmaba muy serio por aquellos días en que tocaba hacerse pasar por el recogidito de la novela.
No existían términos como oligarquía, lacayos del imperio, golpistas, terroristas, derecha canalla, explotadores, escuálidos, traidores a la patria, neoliberales salvajes. Tampoco se hablaba de reelección indefinida, centralización, chinos, fusiles rusos, iraníes, partido único, rojo rojito, mi hermano Sadam o padre de todos los padres, admirado comandante Fidel.
Había que esperar el momento. Había que esperar que el veneno hiciera efecto, se adormeciera la zona mordida y, poco a poco, la sociedad entrara en etapa de agonía y muerte.
Pero, a pesar del griterío y la interminable habladuría radical de estos tiempos, muchas veces el irreductible ha tenido que hacer unas revueltas tan hermosas y plásticas que parecen más bien pasos de danza contemporánea y no zarpazos del más aguerrido y rudo de los comunismos.
El 4-F con el frenazo en El Calvario, el 11 de abril con la arrodillada playera y, en 1997, con el repudio a la abstención para abrazar el voto, fueron apenas brinquitos de joropo si se comparan con los que vendrían después.
Con Colombia se ha pasado de amenazas de cierres de fronteras a dulces piropos a Uribe, sin que medie pena mediática alguna. Con Perú el salto fue de ladrón de siete suelas a hermanazo del alma en menos que se aterriza para una cumbre. Insulza no se había repuesto de su nuevo apellido, y otros elogios, antes de que lo apretaran hasta el ahogo en otra cumbre. Arias Cárdenas abandonó su artillería de gallinas y cacareos para recuperar lazos filiales de sangre y arrancar carrera de embajador. Cantv y La Electricidad de Caracas cobraron en dólares para concretar una nacionalización imaginaria. Las transnacionales petroleras siguen en la Faja. Al FMI y al BM ya les tocaron la diana, pero nada de notificación oficial; mientras RCTV, a pesar de la catarata de amenazas e insultos, saca su escudo de dignidad contra el más puro aguaje revolucionario. Veremos. REGRESAR |