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Es imposible pasar la mirada por la actual ficción venezolana sin detenerse en los 20 cuentistas que ha seleccionado Antonio López Ortega para Las voces secretas (Caracas: Alfaguara,2006.372 p.). Son numerosos sus registros, pero todos, los de ellos y los de ellas, nos hacen gozar del instrumento propio de la literatura.
A veces es el arte de recordar, como en Anoche, de Alberto Barrera Tyszka; el apólogo a alguien sucedido, con trazos de humor, en Las tres hermanas Lecuna, de Milagros Socorro; lo acaecido a un personaje perdido entre nuestras antiguas memorias, como en Sobremesa, de Armando Coll; la maravillosa forma de memorar el inicio de la madurez vital en Sobre el trampolín, de Karl Krispín; la infancia en Terreno, de Fátima Celis; un imposible reinado en La virgen del baño turco, de Sonia Chocrón; los dolorosos recuerdos de haber sido abandonado por la esposa en la delirante Perorata del cornudo, de Luis Felipe Castillo; lo que significa quien amamos y lo que nos sucede cuando nos deja, tal Gra no de sal, de María Celina Núñez; las voces que hablan a nuestro interior en un momento de nuestra madurez o en el comienzo del declive en El silencio de la noche, de Miguel Gomes; un cuento bien trabajado, La colmena de Carlos Sandoval, un crítico al que desconocíamos sus afanes con la imaginación; un cuento histórico, nervudo, sobre el gran poeta maracucho Ismael Urdaneta, en Monsieur Is mael, de Norberto José Olivar; una invención hondamente erótica en J’ai rendez-vous avec vous, de María Ángeles Octavio; cómo ayudar a otro en La oportunidad, de Luis Laya; la intensa presencia de la salsa en particular, en Albóniga con salsa, de Salvador Flejan; una intensa y bella historia de amor, un triángulo y algo más, en Boceto para una histo ria feliz, de Juan Carlos Méndez Guédez; en Un ataque de lentitud, Juan Carlos Chirinos roza lo genial en la invención de su extraordinaria anécdota; cuento profundamente erótico es el de Héctor Torres: Dioses de breve estancia; la presencia de su tema obsesivo: la búsqueda del padre desconocido es lo que da carnadura a Amor que a otro puerto perteneces, de Slavko Supcic; Historia de una puer ta, de Armando Luigi Castañeda, es la nueva recreación de un tema obsesivo en la literatura venezolana: qué nos pasa cuando atravesamos una puerta. Se cierra el tomo con Medea en los Cayos, de Roberto Echeto, quien no puede ser más singular y sensual, lleno de pasión por su apelación a los goces lascivos del trópico y del mar. REGRESAR |
| Fecha publicada: 11/05/2007 Fuente: El Mundo Tema: cultura
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