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Alberto Barrera Tyszka lo hizo primero con su premiada novela La enfermedad, después siguió Héctor Bujanda con La última vez, también galardonada, y ahora irrumpe Oscar Marcano con Pun tos de sutura. Tres venezolanos menores de 50 años que, además de colocarse a la vanguardia de una generación de escritores diferentes a sus maestros, han abordado, sin proponérselo un tema candente y de honda repercusión: la presencia del padre en la sociedad venezolana. Y eso lo han hecho porque los protagonistas de sus textos son: un padre responsable y amoroso que asume, con unos mínimos devaneos, la crianza de su hijo ante la muerte de la madre; un papá que tiene doble vida y por eso abandona el hogar para ingresar a la subversión política e incluso perecer en ella; y un artista que descuida a la esposa y al único hijo para deambular en pos de un éxito que nunca alcanza.

Marcano (49 años) reconoce que esa "rara o poco frecuente coincidencia" con sus colegas novelistas ya se la habían comentado algunos lectores. "Hablé con Barrera, pero aún no lo he hecho con Bujanda, y lo único que puedo decir es que no sabemos por qué se dio esa coincidencia, por qué surgió ese tema en este momento, ya que ninguno de nosotros intercambió una sola palabra sobre lo que estábamos escribiendo o proyectando. O sea que, sin proponerlo o buscarlo, hemos reventado con tres novelas centradas en el padre, o en el progenitor, o en el papá al estilo venezolano. Pero yo tendría que agregar que hay una cuarta coincidencia, ya que en Colombia también está pasando lo mismo, pues Héctor Abad Faciolince, de 49 años, escribió una maravillosa obra sobre su padre, El ol vido que seremos, que es la historia terrible del asesinato de su papá y las secuelas de ese crimen, ya que era un hombre bueno, un médico comprometido en la defensa de los derechos humanos. No sé si hay otros dos escritores colombianos que también hayan tocado la temática de los padres, pero estoy seguro de que no sería raro que eso hubiese ocurrido".

-¿Qué pasa con el padre en la sociedad venezolana?
–El padre es una figura inexistente, si se le considera como el conductor de una familia. Aquí tradicionalmente existe el semental, un macho que engendra y olvida. Porque el arquetipo del venezolano es el militar. El hombre en permanente campaña. El hombre cuyos sueños tienen demasiado que ver con la vida nómada, con la conquista y no con la construcción ni con el sedentarismo, sino con la vida del nómada que está cercando y aniquilando a sus rivales, y en el caso nuestro, con una noción de héroe, lo que hay es una especie de semental héroe. Y todo eso genera una sociedad desestructurada, a la que le falta una pata, que es como una mesa coja o una casa donde falla una columna. Y eso se evidencia en la arbitrariedad típica del venezolano, en su irresponsabilidad, en la apuesta a la inmediatez y no al largo plazo o los proyectos de largo aliento. Vivimos un presente continuo, no hay planificación hacia el futuro. Vivimos estrictamente al instante, no somos capaces de esperar para recoger las ganancias, ni pensamos en las generaciones que vienen atrás.

No se piensa en el concepto de nación y es por eso que las élites económicas y políticas han fracasado, ya que nunca tuvieron claro el concepto de la nación que debían haber apuntalado o construido. Venezuela es la consecuencia de ese tipo de héroe semental, más nada.

-¿Cómo nace su novela "Puntos de sutura"?
–En la literatura hay que planificar, trabajar, escribir; si no, no hay obra. Mi novela, donde por supuesto hay muchos elementos biográficos, la escribí en tres años: del 2003 al 2006. Realicé las historias, unas 30, y después me puse a reescribir o a empatar todo ese material, hasta obtener una versión final. Sus historias se fueron escribiendo paso a paso. Comencé a escribir algo y no tenía idea de lo que iba a ser. Escribí un capítulo y me di cuenta de que sus personajes observaban desde lejos a personajes de otros capítulos. Ahí fue cuando supe que lo que se estaba gestando no era un libro de relatos, sino una novela.

-¿Comenzó de manera inconsciente?
–Sí, así comenzó. Buscando más el cuento, el relato corto, que es por lo que más se me conoce, hasta que me di cuenta de que había vasos comunicantes en las cuatro primeras historias. Vi el dibujo de que lo que estaba escribiendo no era un libro de relatos sino una novela, y que esos cuatro capítulos eran los cimientos de un trabajo que venía y lo vi claramente, y desde entonces comencé a vincularlos hasta que estuvo lista la novela.

-¿Por qué la tituló "Puntos de sutura"?
–Por la herida, porque mi novela es sobre la imposibilidad del padre de encarar al hijo, de conectar a corazón con corazón, que fue lo que le pasó al griego Áyax, que debe hablar con su hijo, porque si se suicida lo está condenando a la esclavitud y no lo hace. Igual cosa pasa entre Alfonso y Edmundo Antenore Gabbani, el padre y el hijo de mi novela.

-¿Quién es o quién era ese papá Alfonso?
–Mis personajes son venezolanos de la segunda mitad del siglo XX y no son otra cosa, y lo reitero para atraer a mis lectores. Alfonso era una gran promesa para el arte escultórico, abandona a su mujer y a su hijo y se dedica a recorrer el mundo, y en Nueva York se da cuenta de que no es nadie, que no es ningún artista y que es sólo el producto de un boom petrolero.

Por la caída de los precios petroleros se ve obligado a regresar al país y empieza a vivir la vida real y termina siendo un limpiador de piscinas en Puerto La Cruz, precisamente cuando era un hombre tan culto, tan bien relacionado.

-¿Están los venezolanos, tanto los de la literatura como los de la vida real, unidos al precio del crudo? -Sí, el alma de los venezolanos depende de las fluctuaciones del precio del petróleo. Yo a veces veo la imagen de un venezolano que no se hunde en el mar Caribe porque está abrazado a un barril o bidón de petróleo. Es impresionante, pero eso es lo que lo determina y se refleja en su estado anímico. Si estamos de fiesta, es porque los precios están altos; si estamos depresivos, es porque los precios están bajos. En este momento nos permitimos hacer regalos a otros países porque estamos viviendo una borrachera petrolera, y una de las características de esas borracheras petroleras es que no nos damos cuenta de que estamos borrachos.

-¿Quién es verdaderamente el protagonista de la novela?
–Eso depende de la óptica o los sentimientos del lector. Podría ser el padre, o sea Alfonso, y su historia, que es contada a través de los ojos de su hijo. Al principio todo puede lucir descarnado, sin amor, pero Edmundo Antenore va cediendo y ese odio que ha alimentado, esa relación va cediendo y al final reconoce que su padre era un gran hombre, pero no lo reconoce expresamente, aunque hay una actitud más permisiva hacia su progenitor.

-¿Cómo termina?
–Eso no lo digo yo y creo que no sea lo más importante, sino lo que pasa con los personajes, especialmente con Edmundo Antenor Gabbani, quien se hace profesor de literatura. Esta novela me propuse narrarla como una versión de Las mil y una noches, o sea, muchas historias, muchas narraciones, en las cuales el padre no tiene los guáramos de ver a su hijo a los ojos y decirle lo que piensa o lo que verdaderamente está pasando y pedirle perdón, si es el caso; o decirle que necesita de su afecto o de su perdón. Alfonso no tuvo la valentía de hacerlo y se convierte en una especie de seductor o de don Juan de su hijo y para eso empieza a contarle la historia de su vida, y le cuenta una y otras historias para fascinarlo. Es un padre Sherezade. REGRESAR


Fecha publicada: 11/05/2007
Fuente: El Mundo
Tema: cultura

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