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Mientras los principales hacedores de política económica del país evidenciaban en un acto del pasado jueves su irresponsabilidad frente al problema económico madre que hoy afecta a la nación (la inflación), las cifras del Banco Central del Venezuela (BCV) revelaban en días previos a ese acto que la tendencia inflacionaria para el área metropolitana de Caracas se había situado en septiembre en la preocupante tasa anualizada de 37%.
Este sorprendente aumento del nivel de precios para la ciudad capital resulta de la variación puntual en el lapso septiembre 2009 septiembre 2008 del índice correspondiente al 'Núcleo Inflacionario' (36,8%), el cual es un Índice de Precios al Consumidor (IPC) alternativo para la metrópolis caraqueña, donde se promedian solo los precios de los distintos mercados de bienes y servicios de consumo que se forman sin la influencia de factores no económicos, como son los cambios climáticos y los controles del Estado. El mismo se construye con el 85% de la canasta de consumo que habitualmente requieren las familias de la zona, lo que sin duda es una buena representatividad de la muestra total.
Visto de otra forma, y según lo establecido por el BCV, del 'Núcleo Inflacionario' se excluyen los productos agrupados como 'alimentos no elaborados' y 'bienes y servicios administrados'.
Dos razones económicas, que difícilmente pueden ser negadas, son suficientes para considerar a la variación del índice del 'Núcleo Inflacionario' como la verdadera tasa de inflación que afecta el poder adquisitivo de los caraqueños.
La primera se asocia con los argumentos que expuso el mismo Banco Central para la creación de dicho Núcleo, donde explícitamente reconoce que éste se elabora para que 'no le confiera volatilidad a la política monetaria', el cual es un factor clave para que el Instituto pueda cumplir con su objetivo fundamental: 'lograr la estabilidad de los precios y preservar el valor de la moneda' (Art.5 de su ley). Adicionalmente el BCV destaca en los argumentos que 'las perturbaciones estacionales y los precios administrados afectan el verdadero estado del proceso inflacionario', lo que obliga a construir un indicador menos volátil para medir la inflación.
La segunda razón es de mayor contundencia. Se trata de un enfoque microeconómico que le da mayor credibilidad a la tasa de inflación aquí referida. El mismo consiste en que todos los productos excluidos de la canasta para elaborar el Núcleo tienen una elasticidad-precio de la demanda muy inelástica, y por tanto sus fluctuaciones de precios por estacionalidad o administración estatal permite que a lo largo del año los gastos nominales de los consumidores para adquirir estos bienes se compensen. Por descarte, entonces, solo el comportamiento creciente de los precios de los productos integrantes de la canasta que sirve de base para elaborar el Núcleo explicaría el permanente aumento del gasto nominal por consumo que impone la inflación, o en su defecto la otra cara del fenómeno: la caída del salario real.
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