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"L os medios no deben colaborar con la intranquilidad y la agonía (...) ustedes -los periodistas- en vez de llevar paz, armonía, tranquilidad y seguridad a la población, llevan zozobra, tensión y preocupación...".
El autor de las frases es nada menos que el director de la policía científica, quien las soltó en una rueda de prensa donde hubo prohibición expresa de formular preguntas. Paula tuvo que ser internada porque le dio un soplo en el corazón al escuchar aquello.
Desde esta tribuna le recordamos al comisario que zozobra, tensión y preocupación la causan el salir de casa y no tener certeza del retorno; el tener que recogerse todos los días a las 6 pm (toque de queda) ante el temor de que estalle un tiroteo en el barrio; el tener que asegurar permanentemente los vehículos; el no saber si lo cobrado en la quincena podrá ser entregado en el supermercado, sin que antes te lo arrebaten en las calles; o que cuando vayas a una comisaría a averiguar cómo andan las investigaciones del asesinato de tu familiar te respondan que no han hecho nada porque tienen mucho trabajo y hay otros casos que resolver.
Comisario, eso sí causa zozobra, incertidumbre, impotencia y usted más que nadie sabe lo que se ha hecho o lo que se ha dejado de hacer para contener al hampa. Es muy fácil achacarles a los demás la culpa.
Los periodistas (la mayoría) nos limitamos a recoger el dolor de las madres, esposas y demás familiares en la morgue. Fotografiamos sus lágrimas, su angustia, su impotencia y, en ocasiones, les informamos a ustedes quiénes son y dónde operan los responsables. Sería irresponsable de nuestra parte decirle al ciudadano de a pie que todo está color de rosas, que las autoridades están cumpliendo con su deber y que su paz y seguridad están garantizadas por el Estado. Al contrario, debemos alertarlos sobre cuáles son las zonas rojas, cuáles son los modus operandi, dónde debe estar mosca con sus autos. Esa sí es nuestra obligación.
Y dale. Se insiste en esa manía de discriminar los asesinatos, como tratando de minimizar algunos. Para los efectos, y para los parientes de las víctimas, es lo mismo un asesinato en una riña, en un ajuste de cuentas, un enfrentamiento entre bandas o en un robo. Estamos hablando del mismo criminal, las mismas armas que circulan realengas, las mismas balas asesinas. El que hoy mata en un ajuste o en un tiroteo con integrantes de otra banda, es el mismo que mañana asesinará a un trabajador para robarlo o que ultimará a un transeúnte que se interpuso en su línea de fuego.
Una consigna seria, coherente y responsable del Estado debe ser perseguir, agarrar y enjuiciar a todo cuanto criminal ande armado por las calles cometiendo desafueros.
Desatino. Por cierto que me informan que la directiva del Cicpc ordenó investigar -no al hampa- sino a un grupo de periodistas que cubren la fuente policial. La idea es averiguar quiénes son los funcionarios que les están suministrando informaciones.
Incluso ya fueron solicitadas a las compañías de telefonía celular los listados de cada una de las llamadas efectuadas por los fablistanes en los últimos meses. ¡Hay que ocultar la verdad a toda costa! pareciera ser la consigna. Otro desatino para la lista.
A embraguetarse. Paula tuvo cinco hijos y cuando estaban pequeñitos, su esposo la abandonó. Tuvo que hacer de tripas corazón para levantarlos, pero su miedo no era tanto el cómo darles de comer, sino "que no se le fueran a perder", ya que vivía en un sector del 23 de Enero. Pasaron los años y hoy grita orgullosa: ¡Lo logré! Y ciertamente lo logró. Los llevó a los cinco a la universidad y ahora son todos profesionales. "Tuve que embraguetarme, ya que no tenía posibilidades de sacarlos del barrio", refiere, aún convaleciente (por lo del soplo).
La experimentada mujer nos comenta que embraguetarse significó estar pendiente de lo que hacían en sus ratos libres, qué veían en la televisión; quiénes eran sus amigos y los padres de ellos; tomarles el tiempo para evitar que se quedaran manguareando por allí; prohibir que llevaran a casa nada que no fuera de ellos; verificar todas las informaciones; y, sobre todo, no dejarles espacio para el ocio, es decir, hacer un esfuerzo por abarrotarlos con actividades culturales y deportivas. Ese fue el secreto. El hampa no tuvo cabida. Un ejemplo digno de ser emulado hoy en los hogares venezolanos.
"Zozobra, tensión y preocupación, la causan el salir de casa y no tener certeza del retorno; el tener que recogerse todos los días a las 6 pm..." REGRESAR |
| Fecha publicada: 14/05/2007 Fuente: Últimas Noticias Tema: medios
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