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Sin nada que mostrar como obra trascendente de sus funestos ocho años de gobierno inepto, militarista y corrupto, el golpista-presidente apela a la negación de la Venezuela anterior, por él denominada “IV República”, para intentar justificarse ante el pueblo y ante la Historia.
Con montañas de palabras —su única “realización”— ha venido tratando inútilmente de ocultar la positiva herencia legada por los gobiernos democráticos, que incluye la creación de la —OPEP y la Pdvsa— puntales generadores de la actual abundancia fiscal nacional, la multiplicación y la regionalización de las universidades públicas, la masificación y la cualificación de la educación básica, la descentralización, la construcción de la red vial, hoy abandonada y en proceso de destrucción por falta de mantenimiento, entre otras muchísimas obras que reivindican, por encima de sus errores, a todos los gobiernos democráticos que precedieron a la actual autocracia inepta, militarista y corrupta.
El propósito es desconocer y tergiversar la historia, y para lograrlo no hay instrumento mejor que el uso reiterado de la mentira, de la falacia. En eso andan, diariamente, así el golpista-presidente como sus esbirros y sigüíes militares y civiles, uno de los cuales, el cual ministro de Finanzas, acaba de acusar nada menos que de “vasallos del imperio”, a sus antecesores de la llamada IV República.
“Vasallos del imperio” Carlos D’Ascoli, José Antonio Mayobre, Manuel Pérez-Guerrero, Tomás Enrique Carrillo Batalla, por nombrar sólo a cuatro ilustres ciudadanos que ocuparon activa y positivamente el entonces llamado Ministerio de Hacienda. Cuatro ciudadanos de distintas procedencias ideológicas, pero totalmente identificados, junto con quienes eran sus compañeros en el servicio del Estado y de la Nación, en la formación profesional eminente, en la vocación para el trabajo eficiente por la democracia y por la República, en la práctica indeclinable y permanente de la moral pública, en la probada pulcritud de la gestión oficial de cada uno de ellos.
Querría ya el ministro que tamaña acusación suscribe calzar las virtudes profesionales y éticas de esos venezolanos que ocuparon su actual posición. Más señaladamente cuando el golpista-presidente y sus esbirros y sigüíes militares y civiles son confesos y convictos vasallos de Fidel Castro, a quien diariamente entregan gratuitamente los bienes de la República en rendición tributaria de ese vasallazgo.
Es la guerra de las negaciones absolutas, desatada contra el país y contra la historia por el golpista-presidente, para evitar precisamente la inevitable sentencia condenatoria de la historia. Guerra que se manifiesta de una y mil maneras en todos lo frentes y cotidianamente. Guerra que incluye la pretensión de querer eliminar de la memoria de los venezolanos hasta los nombres y los hechos excepcionales de venezolanos de todos los tiempos, como es el caso del prócer Andrés Bello, por ejemplo: Poeta, escritor, autor de una gramática española, emisario internacional de la naciente República, fundador de la Universidad de Chile, el nombre de Andrés Bello es gloria de Venezuela y glorifica a Venezuela, razón que justifica que se le venere sempiternamente. Pues bien, guerra del golpista-presidente contra todo lo histórico venezolano, alcanza también a Andrés Bello, de cuyo nombre fue despojada una avenida de Puerto La Cruz por el gobernador de Anzoátegui para rebautizarla con el del padre del actual vicepresidente, anónimo militante de la criminal subversión que auspiciada y financiada por Fidel Castro atentó contra la democracia venezolana.
Pero nada puede, ni nada podrá contra la verdad histórica. No serán el golpista-presidente y sus sigüíes y esbirros militares y civiles quienes le tuerzan el cuello a la verdad histórica para justificar su ineptitud, su incapacidad, su insaciable apetito de poder personal, su militarismo y su probada inmoralidad en la administración de los bienes de la República. REGRESAR |
| Fecha publicada: 14/05/2007 Fuente: 2001 Tema: gobierno
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