|
|
|
Fue un “jaque mate” a la humanidad. El 11 de mayo de 1997, cuando el monstruo Deep Blue (Azul Profundo) —en aquel entonces el cerebro electrónico más rápido del mundo— derrotaba en Nueva York a Garri Kasparov, se llegó a la conclusión de que el hombre había perdido definitivamente el duelo contra la máquina.
El 3,5 a 2,5, triunfo rotundo y humillante de la computadora, capaz de calcular y valorar dos millones de posiciones por segundo, conmovió a la humanidad, que se sintió de pronto prisionera y juguete de la inteligencia artificial. Lo más humillante fue la última partida, en la que el campeón ruso se vio forzado a abandonar en 19 jugadas tras cometer un error garrafal.
Kasparov, entonces de 34 años, había derrotado ya a Deep Blueen Filadelfia 4 a 2 en 1996, y confiaba en un nuevo triunfo. Tras aquella victoria el ruso comentó:
“Si la computadora me hubiera batido se habría visto amenazado el control humano sobre ámbitos como el arte, la literatura y la música”.
El hombre es, en efecto, esclavo de sus palabras.
Kasparov incrementó el tono épico de sus declaraciones antes del segundo enfrentamiento contra Deep Blue. A esa altura era ya el defensor del género humano: “Tomé la firme decisión de aceptar el desafío.Y si algún día soy derrotado pienso que al menos fue vital para nosotros jugar y luchar el máximo tiempo posible”.
Tras la derrota contra Deep Blue, Kasparov se percató de que no se puede jugar contra un cerebro electrónico como contra un adversario de carne y hueso, sometido a todas las sensaciones que provocan una enconada partida de ajedrez: euforia, depresión, aceleramiento cardíaco y trallazos de adrenalina.
El campeón, que durante el duelo mostró excesivos rasgos humanos —excitación, nerviosismo, miedo, hiperventilación y abundante transpiración—, aceptó tras la derrota su inferioridad: “Soy sólo un ser humano, y me embarga el temor cuando veo algo que va más allá de mi comprensión”.
La máquina, en cambio, no conoce el cansancio, ni emociones, carece de miedo y no se entusiasma ante un mate inmediato.Todo se esfuma en sus entrañas inescrutables.
Sólo precisa un enchufe y corriente eléctrica. Tiene sus mejores armas en la teoría de aperturas (memoria) y en la velocidad de cálculo.
Pero carece de algo inherente al hombre: la creatividad y la imaginación.
Además, como no se alegra, no sabe ni siquiera si ganó.
Pero las computadoras también tienen sus límites: ninguna puede calcular la miríada de jugadas posibles, pues después de dos movimientos del blanco y dos del negro existen ya 2,6 millones de posibilidades, y en una disputada partida de 40 jugadas hay más variantes que átomos en el Universo.
La derrota del campeón provocó toda suerte de reacciones de los expertos y psicólogos. El indio Viswanathan Anand, número dos del ranking mundial en aquellas fechas, atribuyó el inusual flojo juego de Kasparov al respeto y miedo ante el rival: “Trató a la máquina como si se tratase de Dios”.
El científico alemán Bazon Brock, especialista en formas de vida y civilización, calificó el éxito de la computadora, equipada con inteligencia humana, de “trascendental acontecimiento en la historia de la Humanidad”. El psicólogo de ajedrez Reinhard Munzert, de la ciudad alemana de Erlangen, lo contradijo: “El duelo constituyó un doble triunfo del espíritu humano. Pues al fin y al cabo el ordenador fue programado por seres humanos”.
El muniqués Helmut Pleger, médico, gran maestro y comentarista de ajedrez, analizó el error cometido por Kasparov en la última y sexta partida, que permitió a la supercomputadora sacrificar un caballo en la octava jugada: “Fue un error terrible atribuible a la falta de concentración.
Kasparov tenía un enorme respeto al rival. Psicológicamente estaba debilitado, pero la próxima vez puede pulverizar a Deep Blue”.
El gran maestro Miguel Illescas, varias veces campeón de España y uno de los hombres que inyectó teoría a la supercomputadora, debió defenderse: “No soy ningún traidor del género humano, sólo cumplí con mi trabajo”.
La inesperada derrota contra la supercomputadora de IBM Deep Blue fue un mazazo para el campeón mundial de la Organización de Ajedrecistas Profesionales (PCA) que sólo pensó en el desquite.
“Kasparov es como una ‘primadona’ y mal perdedor como el que más. Creo que habrá revancha”, pronosticó Pfleger.
Y así fue. Kasparov, hoy ya retirado y en medio de una lucha política contra el presidente ruso, Vladimir Putin, se enfrentó una vez más a la máquina en Nueva York en 2003. No pudo saciar su ansia de venganza, porque el duelo, a cuatro partidas, terminó con empate a dos REGRESAR |
| Fecha publicada: 15/05/2007 Fuente: TalCual Tema: computacion
|
*** noticias no disponibles *** |
|