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Gratamente sorprende la propuesta y decisión por parte del Ejecutivo Nacional de prohibir fumar en restaurantes, como ya lo había hecho en espacios públicos o gubernamentales. Sorprende la paradoja que implica que en un país que transita hacia el socialismo del siglo XXI, se reconozcan instituciones y mecanismos como la propiedad privada, para alcanzar niveles de bienestar colectivo superiores.
En general, las acciones públicas hacia el tabaco, se encuentran orientadas a resolver un problema de mediano y largo plazo de salud pública y luego por razones estrictamente impositivas (una vez que la elasticidad del precio de la demanda de tabaco es muy baja y por tanto altas cargas impositivas generan efectos limitados sobre la cantidad consumida, mientras generan unos importantes ingresos fiscales).
Ahora bien, el anuncio realizado por el ministro de Salud y Desarrollo Social, Erick Rodríguez, sobre la prohibición de fumar en restaurantes a partir del 31 de mayo, la ha basado exclusivamente en el siguiente comentario:
“No puede ser que tú vayas a comer y la gente esté fumando encima de ti. Eso es algo antagónico, porque la comida es para disfrutarla”. Es así como el ministro reconoce la existencia de una externalidad que afecta a terceros que no se encuentran fumando y que de ninguna manera es recompensada por el fumador.
Interesante resulta que un ministro popular revolucionario reconozca la necesidad de fortalecer y establecer derechos de propiedad, en esta ocasión sobre el aire libre.
De hecho, la filosofía regulatoria de este anuncio público redunda en lo ideal que resultaría poder contar con un mercado en el cual puedan negociarse los derechos a generar externalidades o al aire puro, permitiendo compensar a los afectados, quienes venderían su derecho al aire puro a aquellos fumadores que generan la externalidad. Obviamente, debido al grado de atomización, el seguimiento y la constitución de un mercado de esta naturaleza resulta imposible, aunado al hecho de que no necesariamente existen preferencias y valoraciones formadas por parte de los potenciales participantes en este mercado. Por ello, se toma la decisión de reconocer los derechos de propiedad sobre un bien, como lo es el aire puro y se prohíbe fumar para no causar estas lesiones a terceros que de ninguna manera están siendo compensadas, ni asumidas por quien contamina.
Sin embargo, la decisión continúa siendo un poco radical, ya que por lo visto no dejaría espacio para la existencia de locales exclusivamente para fumadores. Como ocurre en países donde este tema ha sido desarrollado con anterioridad, como España, donde existe la posibilidad de que el establecimiento comercial decida si será exclusivamente para fumadores o para no fumadores, o incluso si adapta sus instalaciones para poseer espacios libres de humo y espacio para fumadores (lo que requiere un establecimiento lo suficientemente grande e instalaciones de extracción del humo). REGRESAR |
| Fecha publicada: 16/05/2007 Fuente: TalCual Tema: salud
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