| Los inversores le han dado la espalda al gobierno venezolano porque no se fían de él. Unos porque hacer negocios en Venezuela constituye un riesgo considerable, otros porque el dictador no paga o lo hace tarde, mal y nunca. Las reservas de la Franja del Orinoco, que eran la gran esperanza de Chávez para remontar el vuelo, no terminan de ponerse a funcionar. Sólo se han firmado dos acuerdos, con la china CNPC y con la india ONGC. El resto de permisos siguen pendientes, embrollados en la laberíntica y arbitraria burocracia venezolana. Estados Unidos, principal cliente del petróleo venezolano desde siempre, se ha buscado alternativas. Han reducido las importaciones de crudo venezolano a la mitad. El Banco Mundial ha hecho público que tan sólo un 9,6% del petróleo importado por los EE.UU., viene de Venezuela, cuando hace 10 años era el 17%. Los vilipendiados yanquis han encontrado proveedores más confiables, como la brasileña Petrobras o la mexicana Pemex. Pero, paradójicamente, Venezuela es cada vez más dependiente del mercado estadounidense, no obstante, el porcentaje de la producción venezolana que se vende en Estados Unidos es del 74%, el nivel más alto en los últimos años REGRESAR |