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La intolerancia exagerada de este régimen está llegando a niveles de histeria con esa ley que prepara para prohibir el consumo de cigarrillo y la producción de tabaco, que es una actividad económica rentable, sobre todo para el Fisco. En la comunidad internacional, el humo del tabaco ha sido abolido de muchos sitios, ha provocado demandas y peticiones de daños y perjuicios; lo que no se comprende es que seamos más papistas que el Papa y se proscriba la siembra del tabaco, echando a la calle a miles de trabajadores. El que fume en la calle será tratado como un despreciable salteador de camino, delincuente e imperialista, porque uno de los grandes culpables de haber enviciado a medio mundo es el Imperio. Éste nos metió "el genuino sabor americano" con esos cancerígenos Marlboro, Chesterfield o Viceroy, a través de una publicidad salvajemente capitalista y asesina, a pesar de sus advertencias de que el consumo es nocivo para la salud. Esta servidora es fumadora pasiva, me envenena la sangre, pero no por ello voy a arremeter contra los que tienen sus pulmones como los subterráneos del Centro Simón Bolívar, y aunque no defiendo la libertad de fumar en cualquier sitio, creo que los empedernidos fumadores necesitan espacios que no sean cárceles. Los únicos responsables de los males causados por el tabaquismo son los fumadores, exactamente igual como sucede con los bebedores, con los tragones, con los diabéticos golosos y no por ello se debe prohibir el consumo de ron Cacique o de los torontos Savoy. ¿Quién podía imaginar que el cigarrillo y el alcohol eran contrarios a las buenas costumbres revolucionarias? La nueva Inquisición bolivariana le tiene el ojo puesto al cine, la literatura y, por supuesto, al sexo. Nos impedirán ser libres para ver televisión, leer el periódico, fumar, tomar o tirar a gusto. ¡Qué angustia!
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| Fecha publicada: 16/05/2007 Fuente: El Nacional Tema: salud
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