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Una de las características del gobierno de Hugo Chávez es el incremento de organismos ministeriales. Al iniciar su mandato en 1999 contaba con 14 ministerios, pues había eliminado 2 de las 16 instituciones que existían cuando el segundo gobierno de su antecesor Rafael Caldera.
Con el pasar de los años, la cantidad de ministerios desde el primer período presidencial de Chávez hasta 2007 se elevó a 27, lo que se considera el mayor número de organismos que integran la administración central desde el año 1959.
A juicio de la coordinadora del Centro de Políticas Públicas del IESA, Rosa Amelia González, existe la percepción de cada vez que el Gobierno crea una misión o trata de atender un sector específico, organiza un ministerio. Prueba de ello son instituciones gubernamentales como Participación Popular y Desarrollo Social, Economía Comunal, Ciencia y Tecnología, Alimentación y Pueblos Indígenas.
De acuerdo con esta apreciación, hacer más grande la administración central no es sinónimo de eficiencia. En muchas ocasiones se privilegia a los ministerios en la aplicación de las políticas públicas, lo que deja a un lado las instituciones y líderes regionales, los cuales están más cercanos a sus comunidades.
Historia.
El proceso de descentralización iniciado con la elección de gobernadores y alcaldes en 1989, así como con la entrada en vigencia de la Ley de Descentralización en 1990, generó un nuevo curso de acción en la gestión del Estado.
Las gobernaciones y alcaldías comenzaron a desarrollar una parte de sus políticas públicas y a manejar, según sus especificidades, una parte de los programas y servicios ofrecidos a sus comunidades.
La descentralización, especialmente en lo concerniente a las políticas públicas, arrancó con muchas expectativas, se comenzaron a observar ciertos efectos y se dio un proceso de corrección, según explicó el director de Programas del IESA, Armando Barrios.
"Se registraron importantes avances en estados como Aragua, Carabobo, Lara, Yaracuy y Zulia en los años 90 y durante el segundo mandato de Rafael Caldera", apuntó.
El segundo paso fue la descentralización administrativa, mediante la transferencia de competencias administrativas en salud, educación, vialidad, entre otros, a los gobiernos regionales, así como una suerte de relanzamiento de las competencias atribuidas por ley a los gobiernos municipales.
Con la descentralización financiera se otorgó cierta autonomía, mediante la atribución de competencias exclusivas para generar ingresos regionales (papel sellado, tasas portuarias, aeroportuarias y peajes), el aumento del porcentaje correspondiente al situado constitucional, la introducción del Fides y del LAEE, entre otros recursos fiscales transferidos a las entidades federales.
Barrios señala que las debilidades del proceso descentralizador han sido la falta de rendición de cuentas, los problemas de transparencia en la ejecución de los recursos y la poca coordinación intergubernamental.
El profesor del IESA considera que "aunque el camino no es fácil" y todavía hay mucho que aprender, no se debe renunciar a los resultados "virtuosos" que una descentralización bien diseñada puede aportar a la democratización y a la gestión pública.
"En Venezuela apenas se han dado tímidos pasos para renunciar al centralismo. Todos y cada uno de esos aparentes avances tienen una historia oculta de utilización de la descentralización como vía de escape a las tensiones y conflictos del sistema político-electoral en Venezuela. Por ello, los gobiernos centrales violan esos acuerdos una vez superadas esas tensiones".
A juicio de Barrios, existen muchas razones políticas para volver a la centralización: "En América Latina los gobiernos autoritarios se han caracterizado por centralizar a sus países y esto crea muchas ineficiencias desde el punto de vista de políticas públicas. Descentralización y democracia están íntimamente relacionadas, porque los ciudadanos tienen una ventana abierta y cercana con los gobernantes regionales, algo difícil con un gobierno centralizado".
Calidad.
Rosa Amelia González, profesora del IESA, considera que la descentralización fue un incentivo para los gobernadores y los gobernados.
"No hay una evaluación empírica de los resultados de este proceso en el país, pero sí se observó que en la medida en que se acercaron ciertas competencias a la ciudadanía, mejoró el compromiso y la calidad de los servicios", explicó.
Recordó que la transferencia del sector de la salud pública y la educación nunca fue total, pues el Estado siempre fue el rector de ambas competencias. "Algunas entidades prefirieron no tener la administración de los hospitales, por ejemplo", agregó.
González coincide con Barrios en que una de las grandes debilidades de la descentralización fue que nunca se resolvió la parte fiscal: "Los estados nunca han sido del todo solventes, porque nunca fueron independientes financieramente del gobierno central y siempre dependieron de sus transferencias".
Señaló que en la propuesta centralizadora del presidente Hugo Chávez no está claro qué pasará con las competencias tributarias que tiene actualmente los gobiernos locales.
Insiste en que a medida que los gobernantes están más cerca de los ciudadanos, son más accesibles a sus demandas y la capacidad de respuesta es más rápida.
"No me queda duda de que en materia de reforma del Estado lo mejor que se ha hecho en las últimas décadas fue la descentralización, porque fue una forma de garantizar que los gobiernos locales se hicieran cargo de manera más responsable de sus tareas. Los alcaldes y gobernadores comenzaron a ser mucho más fieles con sus electores", afirmó González. REGRESAR |
| Fecha publicada: 21/05/2007 Fuente: El Nacional Tema: gobierno
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