La verdad es que hay gente mal agradecida. Se quejan de todo y nada es bueno. Ahora les ha dado con el desabastecimiento de alimentos, que si los estantes de los automercados están vacíos, que si no se consigue qué comer, que si no hay huevos, ni caraotas, ni carne, ni azúcar, ni leche, etcétera, bla, bla, bla.
Pues, se equivocan. ¡Que viva la revolución! Les explico por qué.
El sábado pasado hice mercado en un local de toda la vida en El Hatillo, cerca de mi casa.
Es verdad que no había carne, ni azúcar, ni pollo, y sólo me vendieron una docena de huevos que la mujer marcó en la caja como aceite Menen (absolutamente cierto). Pero vean lo que encontré.
Magret de canard. ¿Saben lo que es? Pues, es pechuga de pato, una de las delicias de la alta cocina francesa que uno no come en un restaurante porque es muy costosa. Pues aquí la pieza costaba sólo Bs. 63.900 el kilo y créanme, vale la pena. Se prepara así solita, sin nada, primero ponen en la sartén la parte de la grasa hasta que se dore, luego la sellan por el otro lado y la comen saignon, es decir sangrante, roja, rojita, sólo con unos granos de sal gruesa francesa, que también se consigue, y un poco de pimienta rosada de Madagascar, que nunca falta. Es divina.
Cordero chileno de la Patagonia marca Simunovic, croata, paisano mío. Viene en diferentes presentaciones, pierna con hueso, pierna deshuesada, medallones de lomito, costillitas, como ustedes deseen. Al horno, sin más adobo que un toque de limón para cortar la grasa, y una hierba como romero, por ejemplo, más un poco de vino tinto, bueno, se van a chupar los dedos. Acompáñenlo con papas colombianas, le van divinas.
¿Quesos? Ni de año ni de telita, pero sí algunas maravillas. Queso feta tipo griego (leche de oveja) pero australiano de óptima calidad, que viene en envases de 200 gramos (Bs.13.000), marca Lemos, fresco o madurado, servido con orégano y tomates rebanados finamente, con un toque de aceite de oliva italiano o español, pues, se sentirán en el Mediterráneo. Camenbert y Brie originales de Francia y otros de imitación de Dinamarca. Parmesano de imitación uruguayo y parmegiano auténtico a precios de joyería. También un manchego de García Barquero de primera.
¿Mantequillas? Las que quieran, de Irlanda, de Francia o de Holanda.
Mejores no hay.
¡Había carne! Eso sí, argentina, de la mejor, cortes impecables, sabrosa, magnífica, a sólo Bs. 49.000 el kilo.
Hígado de ganso fresco en pieza completa de unos 700 gramos también conseguí, no es francés desgraciadamente, sino de Estados Unidos, del Hudson Valley, excelente, se los garantizo. Bien vale los bolívares que uno paga por él.
Sardinas no había pero sí salmón fresco de Chile, más barato que el mero de La Guaira y salmón ahumado de Noruega, un poco más caro, pero de calidad.
Curiosamente no conseguí caviar ruso (lata azul) ni iraní (lata verde) que son aliados del proceso, sino productos de imitación, provenientes de otros países que sirven para aparentar, pero no para complacer paladares refinados.
En frutas había manzanas de Washington State más baratas que mangos de Charallave y el perejil estaba a Bs. 14.900 el kilo. Whiskies, ni hablar, de la marca que ustedes quieran y de la edad que les dé la gana. Vinos, muchos chilenos y argentinos y pocos franceses.
¿Quién dijo desabastecimiento? Comida hay, y de la buena, lo que no hay es dinero para pagarla, a menos que seas boliburgués y tengas carné del partido único.
Viva la revolución, pero del lujo.
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