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De tal manera como se esfuma el humo del cigarrillo o del tabaco, con similitud fue el transitar de Erick Rodríguez, como ministro de Salud, por la Torre Sur, de la avenida Bolívar, para apenas calentar el asiento de la silla ministerial sin siquiera conocer, oler y palpar a los intríngulis encerrados de la vida administrativa, social y política incrustados en las paredes de concreto del referido transitar de los ministros de Salud, que él pudo haber cumplido con las funciones encomendadas para las soluciones pertinentes a las necesidades sanitarias o de salud pública.
Cuando asumió la cartera, me atreví a señalarlo en mi artículo de opinión por este mismo medio como la persona más acreditada a ejercer las funciones, basándome en el cúmulo de credenciales. Solamente por la especialidad en Salud Pública, aparte del conocimiento en sociología y otras tantas materias eran suficientes para que llevara con éxito su gestión.
Erick Rodríguez, como ministro, se cubrió del traje impenetrable, sin siquiera brindarle la oportunidad a los compañeros de partido para acercársele con cualquier sugerencia u opinión. No. Olvidó su manera natural para transformarse repentinamente en el "ministro", avalando aquello tan conocido "que los hombres cambian, apenas se les brinda un cargo". Lo sorprendente, ante el silencio o despreocupación de las cosas importantes en la vida sanitaria del país, quizás, por la atención reinante sobre lo acontecido en Radio Caracas Televisión, aparece él por el canal del Estado apadrinando a los nuevos médicos egresados de Medicina Familiar, junto al presidente Chávez.
Hasta ahí, el humo del ministro se hizo presente, desapareciendo posteriormente para figurar repentinamente ante la opinión pública por sus declaraciones precisas con "la prohibición del cigarrillo y el tabaco; incluso, cerrando las fábricas de producción". Tal declaración desencadenó los diferentes comentarios incongruentes, sin dejar de reconocer los efectos nocivos que como consecuencia produce el consumo de la nicotina. Cuarenta y ocho horas más tarde fueron suficientes para que el ministro apareciera entrevistado en el canal 8, negando lo pronunciado, aseverando que "Todo había sido un mal entendido".
De nuevo, el ministro se vuelve a esfumar como el humo del cigarrillo, haciéndole gala a la aparición de las críticas. Posteriormente, aparece enfatizando que dicha prohibición estaba señalada exclusivamente para los bares y sitios cerrados. No pudo su titubeante nueva declaración pasar inadvertida por muchas horas, reapareciendo en la prensa al señalársele despedido como ministro de Salud, dando pie como para pensar que no es suficiente ser médico para ocupar la silla en el Ministerio de Salud, sino ser político con envergadura y gerente por convicción para saber manejar las oportunidades que en materia de apremios necesite el Gobierno. La poca consistencia de esos atributos lo conduce al fracaso, la incredibilidad al no saber tomar las acreditadas decisiones. No le tembló el pulso al vicepresidente Jorge Rodríguez para removerlo del cargo, quedando apenas el humo efímero en la continuidad del cigarrillo. REGRESAR |
| Fecha publicada: 21/05/2007 Fuente: Diario de Caracas Tema: gobierno
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