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Por el camino que va, es un hecho casi incontestable que el actual ministro del Interior se aleja cada vez más de una victoria en la lucha contra la inseguridad. Autor de una rocambolesca actividad parlamentaria, de la que lucen con mayor brillo la teoría del “espionaje bidireccional” a través de DirecTV, y la certeza de que Vladimiro Montesinos había sido ejecutado en una selva peruana, justo cuando afanosamente se le buscaba —y se le halló— en Venezuela, Pedro Carreño no ha hecho mayor tarea desde que ostenta su cargo que proponerse con obstinación la caza de magnicidas, en una carrera desesperada en la que otro ministro —Willian Lara— parece llevarse los méritos, mientras él recoge las burlas.
¿Se trata de una cualidad natural en la que se reúnen la torpeza y la falta de experiencia? ¿O será más bien la trama de esa tragicomedia que se denomina el trapo rojo; es decir, airear denuncias sin fundamentos con la intención de avivar polémicas o, peor aún, sembrar el pánico? No hay protesta o marcha que anuncien las fuerzas opositoras a la que el ministro del Interior no le descubra pretensiones golpistas y obviamente magnicidas.
Pedro Carreño invita a una rueda de prensa en la que, se supone, refutará a los periodistas la veracidad de las cifras de homicidios en fin de semana, y termina relatando la captura de un par de sujetos en un galpón en La Yaguara, provistos de un siniestro plan para desestabilizar el país.
Pero no es sólo él. Este afán de figuración y falta de seriedad abundan en las declaraciones frecuentes del Fiscal General o del Canciller, del titular de Comunicaciones o de la presidenta de la Asamblea Nacional.
Incluso, pasa igual con funcionarios que sobresalen por ponderados, como el diplomático Roy Chaderton.
Desde luego, tales predicamentos no tienen otra fuente de inspiración que los Aló Presidente, en cuyas interminables chácharas, salpicadas de anécdotas y chistes, brotan como monte las mentiras. Hace poco el Presidente dijo haber recibido la denuncia de una parturienta a la que le impidieron salir con su bebé de una clínica privada hasta que cancelara la operación, y obviamente nadie se atrevió a preguntar por qué, al recibir la denuncia, no había ordenado detener al desalmado médico o a cerrar el establecimiento.
De esa escuela proviene Pedro Carreño, a la que le añade tal vez un condimento personal con poco lustre, pero que logra a veces paralizar a quien lo oye y a mantener en ebullición la adrenalina de los activistas tarifados.
¿Que la oposición anuncia una nueva marcha? Déjenselo al ministro del Interior, que no será muy diestro en atrapar hampones pero sí en inventar conspiraciones. REGRESAR |
| Fecha publicada: 22/05/2007 Fuente: TalCual Tema: gobierno
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