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E n Venezuela existe un mito insertado en su ADN económico y consiste en creer que si se fija el tipo de cambio del bolívar respecto al dólar, los precios internos no deberán subir. Esa creencia ha sido la responsable de las crisis cambiarias que han sacudido la economía venezolana desde el 18 de febrero de 1983, cuando el presidente Luis Herrera se vio forzado a devaluar el bolívar.
Nada garantiza que congelando el tipo de cambio los precios se estabilicen. Las razones son las siguientes.
Cuando se fija el tipo de cambio, como estaba recientemente en VeBsF. 2,15 por dólar, para que esa fijación tenga un efecto positivo sobre los precios el tipo de cambio debe ser creíble, de otra nezuela a manera al sospecharse que se va a devaluar, los agentes económicos empiezan a adoptar medidas conformes a esas expectativas de devaluación. Esto es similar a cuando la gente piensa que va a llover: así no llueva, saca el paraguas por si acaso.
Debe recordarse además que los precios que mejor responden a la fijación del tipo de cambio son los de los llamados bienes transables, es decir aquellos que se comercializan internacionalmente, como es el caso de los productos manufacturados y agrícolas. Pero aquellos bienes que no son objeto de transacciones internacionales, como la vivienda y los servicios, siguen una trayectoria que no necesariamente coincide con el tipo de cambio. Por tanto, la inflación aumenta a pesar de que el tipo de cambio está fijo.
Esa ha sido la historia de Venezuela: el tipo de cambio se fija, la inflación interna es mucho más elevada que la internacional, el país pierde sus mercados externos, aumentan las importaciones, disminuyen las exportaciones y sigue la devaluación.
Lo que es inaudito es la terquedad con la cual algunos economistas y funcionarios altos y menores, afirman que el hecho de que el tipo de cambio se fije es una salvaguarda contra la inflación.
En el grafico adjunto queda absolutamente claro la experiencia de Venezuela entre 1970 y 1982. Con tipo de cambio fijo, a Bs. 4,3 por dólar, la inflación doméstica no dejó de aumentar a un ritmo mayor que el de los países con los cuales Venezuela comerciaba. La inflación es un asunto principalmente macroeconómico, que poco tiene que ver con la conducta de algunos comerciantes. Su antecedente más remoto se encuentra en el Imperio Egipcio, cuando Cleopatra desvalorizó la moneda al cercenar su contenido de oro para financiar la expansión imperial. Eso provocó un alza de los precios y el primer episodio de inflación conocido. Hubiese sido interesante observar al ministro Samán recorriendo las calles de Egipto, lidiando con los especuladores de entonces.
EL DIRECTORIO
IRRESPONSABLE DEL BCV
Desde 1999, el ministro Giordani le metió al presidente Chávez una idea nefasta que él aceptó dogmáticamente. Si el tipo de cambio no se mueve, la inflación bajaría y los salarios reales de los trabajadores mejorarían. Eso lo reforzó la irresponsabilidad de un Directorio del BCV, donde Armando León mantenía el ritornelo del bolívar fuerte. El resultado: dos crisis cambiarias. Una en febrero de 2002, cuando se tuvo que abandonar las bandas cambiarias en medio de una pérdida monumental de reservas internacionales, y la otra en enero de 2010 con una economía exhausta porque Cadivi racionó las divisas escasas ante un tipo de cambio irreal, lo que afectó severamente la economía y acentuó la recesión. Después de todo ello, Giordani sigue siendo ministro y ahora premiado su fracaso con más poder, y Armando León continúa dirigiendo al BCV. Así no se puede conducir los destinos de una nación.
Pero como la inflación llegó para quedarse, ya no se habla de política económica y la tesis de Alí Rodríguez de la inflación estructural fue tirada al cesto de la basura por inservible e inaplicable; ahora se recurre a la represión encabezada por Samán, especie de Robespierre de la economía, quien piensa que la inflación es un asunto contable, exclusivamente de costos. No, Samán, si no se atacan las causas fiscales y monetarias de la inflación lo que se va a generar es desabastecimiento y te agotarás tú y tu ejército de funcionarios luchando con los precios, con un monstruo de mil cabezas. Si logras bajar la inflación reprimiendo al comercio, cerrando establecimientos, intimidando, podrás optar con chance ganador al Premio Nobel de Economía. REGRESAR |
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