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El 22 de diciembre de 2009 Hugo Chávez inauguró la nueva pieza del rompecabezas financiero público afirmando que 'nace el Banco Bicentenario para el socialismo, para el desarrollo, para la vida'.
Pero los primeros balances muestran un resultado distinto a lo planeado. La fusión de Banfoandes con tres bancos quebrados e intervenidos en diciembre (Central, Bolívar, BaNorte y Confederado) ha derivado en una organización con pérdidas y alta morosidad.
Las estadísticas de la Superintendencia de Bancos registran que en febrero las pérdidas del Bicentenario ascienden a 106,5 millones de bolívares, una magnitud que se traduce en un salto de 291% respecto a enero.
Al mismo tiempo los préstamos con problemas de pago incrementan su peso en el portafolio desde 17% del total de créditos hasta 21,7%.
En promedio, los créditos vencidos y en litigio de la banca privada sólo representan 2,26% del total de préstamos.
Todo indica que en breve el Bicentenario va a necesitar de una inyección de dinero proveniente del Estado.
El capital representa 7,5% de los activos y las normas de la Superintendencia exigen que esta relación se ubique en un mínimo de 8%.
El Banco Industrial de Venezuela, otra entidad financiera del Estado, e intervenido desde mayo de 2009, atraviesa por una situación caótica.
Las pérdidas del Industrial se ubican en 188,7 millones de bolívares y 43,8% de los créditos se encuentran vencidos o en litigio.
El Ministerio de Finanzas designó a nuevos interventores en el Banco Industrial, después de que Arlex Fuentes y Conrado Jiménez presentaran su renuncia.
Julio Carreño y Augusto Celis son los encargados de decidir si el banco es rescatable o si en definitiva el Gobierno debe liquidarlo.
Estudios que apoyan la presencia del Estado en la banca afirman que las entidades públicas son una herramienta eficaz para financiar a sectores con poco acceso al crédito, corregir fallas del mercado y en épocas cuando el sector privado suele replegarse, mantener los préstamos y ayudar a que el motor de la economía continúe encendido.
Una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) resalta que entre las características que definen a la banca pública eficiente en América Latina figura que la entidad no es sometida a presiones políticas para otorgar créditos, gerencia profesional, cumplimiento de las regulaciones establecidas para el sector privado y clara definición de los objetivos sociales.
Cuando no se mantienen estas reglas la banca en poder del Estado asigna créditos con criterios políticos y no económicos, suele tener altos niveles de morosidad, baja rentabilidad, elevados gastos de administración y al final representa un costo elevado para quienes pagan impuestos.
El impacto de la crisis que estremeció a entidades financieras de poco tamaño a finales de 2009 y en enero de este año aún no está del todo asimilado.
Las estadísticas de la Superintendencia reflejan que al cierre de febrero las pérdidas de Inverunión, banco intervenido a enero, ascienden a 46,2 millones de bolívares.
Las autoridades aún no han decidido si Inverunión será liquidado REGRESAR |
| Fecha publicada: 19/03/2010 Fuente: El Universal Tema: economia Tags: Banca en Venezuela
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