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Los instrumentos tradicionales del cuarteto de cuerdas: violín, viola y violonchelo, se olvidan del sonido tipo Mozart y Beethoven, y recurren, según la inventiva del joven compositor Oswaldo Torres, a sonidos rituales indígenas y a ritmos africanos, todo para converger en la obra Policromías en la piel.
Con esta obra, Venezuela queda representada en una especie de olimpiadas de la música contemporánea: el World Music Days, que organiza la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, y que este año se celebrará en Hong Kong, del 22 de noviembre al 1 de diciembre.
Torres vive en Valera y culmina estudios en el Instituto Universitario de Estudios Musicales, bajo la guía de Federico Ruiz. Su obra compitió con la de profesores de la Maestría en Música de la Universidad Simón Bolívar, entre otros.
Anteriormente, su cuarteto quedó como finalista en el II Salón Nacional de Jóvenes Compositores, patrocinado por el Iudem, y con tan sólo 26 años de edad se codea con los maestros internacionales de la música.
Además de músico es poeta, y probablemente sea loco para su familia, pues ¿a quién en su sano juicio se le ocurre abandonar el brillante futuro de la carrera de Ingeniería por el de perseguir el sueño del compositor? Tras un semestre en la Universidad del Táchira, enfrentó a sus padres para manifestarles que lo de él no sólo era la música, sino la composición.
Claro con sus objetivos, Torres se vino a Caracas, se inscribió en el Iudem e hizo dos semestres de contrabajo. Sus propios compañeros lo conminaban a que paralelamente estudiara el instrumento con la composición, pues ¿quién vive de componer? Torres sigue en sus trece, convencidísimo de que por ahí va la cosa. El primer resultado es que en 2005, con 24 años de edad, fue el compositor más joven cuya obra era tocada en Croacia; en el marco del World Music Days de ese año.
Actualmente realiza como trabajo de grado una obra sinfónico coral basada en el poema Mi padre el inmigrante, de Vicente Gerbasi, "con el método fenomenológico de autoobservación creativa: escribo un diario sobre lo que siento y lo que me pasa", explica. Torres habla de su obra con la solidez y concreción de un filósofo, y para nutrir su obra lee ensayos y poesía.
"Domino más lo acústico, pero tengo El despertar, que es un poema electrónico. Habla del despertar interior del hombre, ese que está inmerso en la gran ciudad bajo la hegemonía de la máquina, los falsos relojes. Me interesa dejar un mensaje, porque creo que la obra de arte puede modificar las estructuras mentales, no sabes qué te dejó la obra, pero sabes que está allí".
En su credo artístico sentencia: "Mi música es bastante digerible, es agresiva, llena de disonancias, con niveles de belleza amarga como Rimbaud". REGRESAR |
| Fecha publicada: 29/05/2007 Fuente: El Universal Tema: cultura
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