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Willian Lara sueña con ser J. Edgar Hoover, el hombre que por décadas dirigió el FBI y se creyó con derecho a escudriñar las vidas de los estadounidenses en procura de nexos conspiradores que desembocaran en un juicio. No es que el ministro de Comunicación pretenda sacar del cargo al comisario Marcos Chávez o al jefe de la Disip, general Henry Rangel Silva.
Pero es que, como el presidente Chávez vive obsesionado con la idea de que alguien lo quiere matar, este detective tropical articula sus buenos oficios para entregarle un magnicida cada semana y, prevalido de su condición de ministro, convocar a los medios y explicar de manera rimbombante –la única forma en que sabe hacerlo– quién, cómo y por qué tal activista de la oposición debe ser acosado por los perros de la represión.
Gracias al ministro Lara hemos sabido que más de un francotirador se oculta detrás de una ventana y disparará en forma artera contra un inocente en la marcha que va a realizar la oposición. La idea –aquí el ministro Lara impone un gesto grave– no es otra que descargar la autoría del atentado en el gobierno revolucionario con el fin de sembrar el caos. O, como un cruzado del proceso, Lara narra de memoria detalles de alguna reunión nocturna entre golpistas nacionales y paramilitares del vecino país, justo cuando el Presidente se apresta a inaugurar una gran obra pública.
En la semana más larga de nuestras vidas y frente a la evidencia demoledora del efecto que la palabra “cierre” producía en los lectores de periódicos y de la teleaudiencia, el ministro recurrió a otra de las suyas.
En medio de la tristeza que embargaba a la mayoría de la población, se la ingenió para distraer la atención y amenazó con demandar a los medios que no se refirieran al crimen como “cese de la concesión”.
Obviamente, nadie lo tomó en serio, y hasta los corresponsales extranjeros terminaron por adoptar la palabra cuando, tras hacer sus investigaciones, descubrieron que ciertamente con RCTV lo que había ocurrido era un cierre. Ahora la agarra con CNN y Globovisión, invocando razones semiológicas y hasta legales, en un uso desproporcionado de su torquemadismo que va a tono con la condición de “defensor” del líder y que, al final del día, lo acerca más al sueño de ser el J. Edgar Hoover del proceso bolivariano. Una revolución tan reaccionaria que nada extraño tendría que terminara persiguiendo a los mismos camaradas que compraron la fórmula de democracia participativa que les vendió el militar disfrazado de redentor, y ahora reclaman molestos por la oferta engañosa y devuelven la mercancía. REGRESAR |
| Fecha publicada: 30/05/2007 Fuente: TalCual Tema: medios Tags: Cierre de RCTV
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