|
|
|
El lunes 21 de mayo, en la sección Cartas al Editor del diario The Washington Post, apareció publicada una misiva firmada por la directora de Radio Nacional de Venezuela, Helena Salcedo. Bajo el título “La Libertad de Expresión en Venezuela”, la nota responde a un artículo de opinión firmado por Jackson Diehl el pasado 14 de mayo ( “Death Air in Caracas” / “Aire muerto en Caracas” ).
La pieza en cuestión, sostiene Salcedo, “tergiversa las circunstancias que rodean el vencimiento de la concesión de RCTV”. De seguido, la jefa de RNV aprovecha el espacio para exponer las razones que facultan al Estado venezolano a ejecutar la medida, además de otros argumentos para demostrar que por estas calles “la libertad de expresión está viva” y coleando.
Este tipo de réplicas son, de unos años para acá, harto comunes en los medios estadounidenses.
Cada vez que un órgano de prensa de aquel país difunde alguna información u opinión desfavorable al gobierno de Hugo Chávez, plumas amigas de aquí y allá, saltan raudas a defender la revolución con cartas, editoriales, correos electrónicos y hasta acciones de calle. Detrás de muchas de estas iniciativas, está la Venezuelan Information Office (VIO, Oficina de Información sobre Venezuela, en español), una agencia de lobby creada y financiada por la Embajada de Venezuela en Washington, en julio de 2003.
El lobby o cabildeo –como se dice en la lengua de Cervantes– define cualquier acción destinada a ganar la voluntad de un cuerpo colegiado o corporación. Cuando de política se trata, la mira apunta a los órganos de decisión y ejecución de políticas públicas: poderes Legislativo y Ejecutivo, entes reguladores y ministerios. Lo que se busca en todos los casos es persuadir para inclinar la balanza a favor de determinados intereses.
En EEUU el cabildeo no sólo es legal, sino que está permitido a cualquier persona o entidad, incluidos corporaciones y gobiernos extranjeros. Para esto, existen escritorios y asesores especializados.
Consultoría en temas legales, relaciones públicas y comunicaciones integradas, son los servicios más demandados.
Venezuela, que por su condición de nación petrolera siempre ha tenido “verdosos” intereses en el Norte, ya hacía lobby antes de que Hugo Chávez llegara al poder en 1998. Lo que ha cambiado durante este gobierno, sin embargo, son las vías, modos y alcance, porque los fines en el fondo –dicen los analistas–, siguen siendo los mismos: garantizar mercados al crudo que brota en esta tierra de gracia.
CABILDEO DE QUINTA
Un análisis de los informes de la FARA (Foreign Agents Reistration Act), agencia encargada de monitorear a los cabilderos que trabajan para agentes extranjeros, descubre que hasta el segundo semestre de 2003, la administración bolivariana –como sus antecesoras– confió a reconocidas firmas de lobbyla tarea de ganar el favor de los círculos del poder imperial.
Arnold & Porter y Collier Shannon, Rill & Scout fueron las que más recursos recibieron (casi 3,5 millones de dólares entre las dos). La contratación, además, corría por cuenta de Pdvsa o el Estado directamente, y los servicios solicitados incluían: asesoría legal en materias relacionadas con deuda externa e impuestos; monitoreo de las actividades de las ramas legislativa y ejecutiva del gobierno federal para analizar leyes o proyectos que pudieran afectar los intereses de la industria petrolera; y elaboración y distribución de informes para posicionar la imagen de Venezuela como potencia energética y atraer inversiones.
Pero a partir de ese año, el timón del cabildeo vira. Las cuentas comienza a pagarlas la Embajada de Venezuela en Washington, y los esfuerzos de persuasión enfilan hacia temas de política exterior y estrategias para contrarrestar la mala prensa que le hacen a la revolución bonita en la tierra del Tío Sam. El primero de estos contratos lo gana I Imagine, Inc. El cheque por US$ 572.595, paga servicios varios, entre los meses de julio y septiembre de 2003, para “proyectar una imagen positiva del país”. De inmediato, sin embargo, la delegación venezolana en la capital de EEUU, con Bernardo Álvarez a la cabeza y Andrés Izarra en la jefatura de Prensa, decide crear la VIO, la cual progresivamente concentra todo el gasto.
HURGANDO EL PASTO
Para el internacionalista Adolfo Salgueiro este cambio de estrategia es lógico, si no “indispensable”.
“La principal necesidad del gobierno ahora es la defensa de un proceso político” que tiene al petróleo como “arma fundamental”. Para esta administración, dice Salgueiro, “es importante que lo que pasa en Venezuela, en el plano político, no genere efectos adversos en el comercial”, que podrían traducirse, en casos extremos, en embargos al tráfico petrolero o las reservas internacionales que reposan –y no en poca monta– en bancos en EEUU.
Carlos Romero, también experto en temas internacionales, está de acuerdo, pero advierte además que por esta vía “el gobierno acomete una operación de propaganda que comienza a desbordar los mecanismos regulares del lobby”, y mira más allá de las riberas del Potomac, en Washington DC.
El autor de Jugando con el globo.
La política exterior de Hugo Chávez, apoya la afirmación sobre la red de contactos para promover el socialismo del siglo XXI que se viene armando a través de organizaciones locales, alcaldías, ONG, universidades y personalidades desde intelectuales como Noam Chomsky hasta actores de Hollywood como Danny Glover, o la activista contra la guerra de Irak Cindy Sheeham. “Es lo que se conoce en EEUU como grassroot politics (política de base) ”, dice Romero.
Los objetivos de esta maniobra serían dos: “debilitar a Bush en su propia casa” y, otra vez, “proteger la buena marcha de los intereses comerciales, al tratar de contrarrestar la imagen negativa del gobierno en algunos sectores”. El cálculo es captar adeptos dentro de sectores que pueden simpatizar con la revolución bolivariana, y colocar al país en planos de discusión más amplios.
Para Romero está política rinde frutos porque “no hay definiciones claras sobre lo que pasa en Venezuela, pero sí posiciones extremas” que sirven bien a los fines propagandísticos de la gestión de Hugo Chávez.
Otro aspecto que empieza a cobrar fuerza son los presuntos apoyos desde Caracas a otros países de la región. El internacionalista señala por ejemplo, los rumores sobre un lobbysta (Tom Hanks) que estaría haciendo cabildeo por Bolivia, pagado por Venezuela.
Asimismo menciona la especie sobre apoyos prestados por la Embajada Venezolana en Washington, a los dos legisladores colombianos (entre ellos el senador del Polo Democrático Gustavo Petro) que visitaron Washington antes de la última visita del presidente Álvaro Uribe. Las denuncias que entonces airearon los representantes neogranadinos sobre los presuntos nexos del gobierno de Uribe con el paramilitarismo, amenazan con echar para atrás la ratificación del Tratado de Libre Comercio en el Congreso estadounidense.
EL VIEJO LOBBY
Para Elio Ohep, editor del portal de noticias en Internet Petroleum World, esto no quiere decir que se dejó de invertir en cabildeo petrolero. Pdvsa puede ser “nueva”, pero los mercados y los inversionistas siguen comportándose igual que antaño: cambiantes y temerosos.
Todavía se debe estar atento ante cualquier proyecto de ley que asome la más pequeña restricción sobre el uso de un determinado componente en los derivados del crudo, satanice su uso por razones de salud o protección ambiental; o lo peche de manera excesiva; ya que esto, explican los expertos, podría traducirse en pérdidas por aumento en los costos o mala publicidad. Asimismo hay que lucir atractivos para que los dólares sigan fluyendo. No es gratuito que se diga que nada hay más cobarde en el mundo que un millón de dólares.Y para muestra una carta.
La misma semana que el presidente Chávez decretó en un acto masivo desde la refinería de Jose, la “nacionalización de la faja petrolífera”, Bernardo Álvarez escribió una cordial misiva a los editores del The Washington Post, “para corregir su insinuación de que la compra de las empresas petroleras a lo largo del río Orinoco es una afrenta a los intereses energéticos de EEUU”. De nuevo la nota iba dirigida a contrarrestar los efectos que en la opinión pública estadounidense, pudo haber causado el artículo titulado “How Chávez aims to weaken US” ( “Cómo Chávez apunta a debilitar a EEUU”, 1/5/2007).
El diplomático dijo en esas líneas, cosas como estas: “Pdvsa (...) no está embarcada en una nacionalización total”. “La adquisición del 60% de acciones de las empresas (extranjeras), no expulsa al capital privado, y las compañías han sido compensadas en todas las compras”. “Venezuela no es una amenaza para EEUU ni persigue ‘debilitar’ al país con el cual mantiene la mayoría de sus intercambios comerciales”.
Los archivos de la FARA recogen sólo una parte de los montos, y ciertas clases de agentes. El Congreso y las administraciones estatales también llevan registros.
En marzo pasado, por ejemplo, el Comité de Ética de Texas presentó archivos que dan cuenta de los servicios contratados por Citgo a Bracewell & Giuliani (Bracewell & Patterson hasta 2005), uno de cuyos principales socios es el ex alcalde de Nueva York, y posible precandidato presidencial republicano, Rudolph Giuliani. La firma especializada en temas energéticos, ha trabajado para la compañía venezolana desde 2003, en asuntos relacionados con su refinería en Corpus Christi. Por estas asistencias, el gobierno de Chávez canceló al año pasado cerca de 150 mil dólares, y este año se estima que la factura rayará los 100 mil verdes.
La inversión se justifica. No importa cuánto crudo haya bajo el suelo, los motores de la revolución necesitan petrodólares, y EEUU los tiene. REGRESAR |
*** noticias no disponibles *** |
|