Uno de los embustes más reiterados y consumados de la “revolución bolivariana” es el de la reivindicación del nacionalismo.
Días de cadenas y mares de tinta han dedicado Chávez y sus voceros para tratar de convencer a los venezolanos de que nuestro país era una especie de colonia imperial hasta el arribo del “socialismo del siglo XXI”, gracias al cual, no faltaba más, por fin el Estado se ocupa de las necesidades nacionales en vez de atender los intereses extranjeros.
Pero como dice el viejo refrán: “obras son amores y no buenas razones”.
Así por ejemplo, a una estrella de Hollywood, Danny Glover, el “gobierno nacionalista” le entregará 38 mil millones de bolívares para que haga una película sobre un héroe haitiano, mientras que el presupuesto del Centro Autónomo Nacional de Cinematografía (CNAC), creado en 1994, es de 28 millardos.
Es decir, al gringo Danny le van a dar una cantidad que es 135% superior a los recursos destinados a promover el cine nacional a través del CNAC.
En este mismo sentido, en el presupuesto del Ministerio de Salud y Desarrollo Social figura la bicoca de 500 mil millones de bolívares para financiar programas en el exterior, sobre todo la “Misión Milagro” en algunos países de América Latina, mientras que los recursos dirigidos a prevenir y combatir enfermedades y endemias dentro de Venezuela no llega ni al 10% de esa cifra. Que nadie se extrañe, entonces, de que estén rebrotando el dengue, el sarampión, la fiebre amarilla y el paludismo en unos niveles inimaginables apenas unos años atrás.
En materia de nacionalismo agro-alimentario, tenemos que el Estado gasta miles de millones de dólares en importaciones de alimentos de la cesta básica, en la medida que la producción nacional de alimentos continúa cayendo en barrena.
Si hasta la criolla caraota se importa de ultramar, además de carne, pollo, leche, azúcar y aceite, entre otros muchos rubros, y en nombre de la soberanía alimenticia. Los productores de Brasil y Argentina, amén de las “traders” cubanas que intermedian los negocios, hacen su agosto con la importadera y el campo venezolano cuesta abajo en la rodada.
Por otra parte, la Pdvsa roja-rojita tiene que importar gasolina para abastecer el mercado interno, al mismo tiempo que subsidia el suministro de combustibles para algunas de las ciudades más acaudaladas del mundo capitalista, como Nueva York, Boston y Londres.
Temas éstos que serían buen material para los editoriales que Fidel Castro está escribiendo en el diario Granma de Cuba.
Y por si fuera poco, el Estado ordena el cierre del principal canal nacional de Venezuela, el cincuentenario RCTV, justo cuando financia el montaje de canales extranjeros en otros países de la región.
¿Nacionalismo revolucionario? A otro con ese cuento. REGRESAR |