Durante todo el camino por la avenidas México, Universidad y Urdaneta los muchachos (y no tanto) de las universidades Bolivariana de Venezuela (UBV), Universidad Central de Venezuela, e institutos afectos al proceso revolucionario corearon consignas como: “Y vamos por Ravell, salimos de Marcel” o “que toquen, que toquen, que toquen cacerolas, para –sa-car- aChávez– hay que echarle bolas”.
Un niño, de al menos trece años, iba montado sobre la tarima improvisada de un camión. Como un político adulto tomó con decisión el micrófono que le ofrecían y comenzó su discurso diciendo:
“Paisanos, soy estudiante de séptimo grado, y vine a decirles que nosotros también tenemos derecho a marchar” y culminó: “nosotros también queremos hablar del Socialismo del siglo XXI”. Eso decía el muchachín en los predios de la Asamblea Nacional.
Estar cerca del Poder Legislativo le dio ánimo a los caminantes para llegar a la esquina de Padre Sierra. “UBV, Teves/ UBV Teves/ UBV Teves”. Profesores, alumnos de las misiones Robinson, Ribas, Sucre, que también acompañaron la marcha marchaban alegres, bailando, cantando.
El vicerrector académico de la UBV, Luis Fernando Damián, acompañó a los estudiantes y expresó que la marcha no era más que una lucha de clases, de ideologías. “Los estudiantes (de la UBV) están tratando de reproducir una propuesta de relaciones mucho más humanas. Tratando de construir una patria diferente. Ellos están defendiendo un modelo de sociedad. Los otros (los que rechazan el cierre de RCTV) son muchachos que no es que están manipulados ni nada sino que representan un modelo, unos están de este lado y otros están de otro lado”.
El vicerrector dijo que sí ve divergencia entre los estudiantes: “nadie niega la división del país, una división enfrentada. Ideas enfrentadas, maneras diferentes de ver la sociedad, valores diferentes”.
HIMNO BAJO LA LLUVIA Y UN CASETE
Los estudiantes revolucionarios que marcharon desde la Plaza Morelos hasta Miraflores en apoyo a la decisión del Presidente Chávez por el “cierre” de RCTV, fueron recibidos en el camino por un saludo desde las alturas, un palo de agua y un casete.
Al pasar frente a la sede de la Vicepresidencia, Jorge Rodríguez se asomó por el balcón y comenzó a sacudir la mano, saludando a los estudiantes; le acompañaban, el gobernador Diosdado Cabello y el alcalde Freddy Bernal.
Una vez en el Palacio Blanco, se desparramó un torrencial de agua como pocas veces en Caracas.
Por al menos media hora estuvo lloviendo y los estudiantes para no mojarse se resguardaron bajo la inmensa bandera venezolana que llevaban levantada.
Bastó escuchar la voz del Presidente en alguna parte del Palacio para que se olvidaran de semejante aguacero, soltaran la bandera y corrieran hasta donde les decía el oído que venía la voz del líder.
Nadie lo veía, pero era su voz cantando el Himno Nacional. Alzaban el cuello para ver dónde estaba parado el hombre.Ya cuando estaban empapados los muchachos se percataron que era una vil corneta la que expedía la voz de su líder.
Pegados a las rejas y viendo tan sólo una gran caja negra a los jóvenes no les quedó de otra que terminar de cantar el Himno, románticamente, bajo la lluvia. REGRESAR |