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Ejecutivos sin fronteras. Desde los años noventa, universidades de todo el mundo compiten por el mercado de los MBA.
Las escuelas de negocios –la mayoría de ellas dependientes de universidades– representan el sector más dinámico de la educación de posgrado. Radiografía del fenómeno que moldea la cultura empresarial actual
RAQUEL SAN MARTÍN LA NACIÓN DE ARGENTINA
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Un profesor dicta clases en la maestría en la Escuela Wharton, creada hace 125 años en la Universidad de Pensilvania AP
Profesionales nómadas y transnacionales, quienes hacen carrera hoy en las empresas sin fronteras comparten una experiencia que los hermana en la diáspora: haber pasado por una escuela de negocios. Verdadero motor de la economía globalizada, las instituciones que forman ejecutivos actúan allí donde el impacto es más certero, es decir, en la cultura de las personas que tendrán poder al frente de las empresas.
Los nuevos empleados y gerentes móviles, acostumbrados a la competencia feroz, a los salarios millonarios, a no echar raíces por mucho tiempo en ninguna parte, comparten el uso de una infraestructura física extendida por el globo (edificios en zonas residenciales, hoteles, aeropuertos), un lenguaje, ideales y la conciencia de la necesidad de la capacitación permanente.
Para esta verdadera subcultura, una escuela de negocios implica una suerte de rito de pasaje, que da entrada en algún lugar del mundo profesional al que quieren pertenecer.
Portadoras activas de la internacionalización de los negocios, estas escuelas –la mayoría de ellas dependientes de universidades– representan el sector más dinámico de la educación de posgrado. A imagen y semejanza del sistema estadounidense que las vio nacer, la formación ejecutiva dio por tierra con los pruritos académicos y supo adaptarse a las demandas del mercado. Se han convertido ellas mismas en un gran negocio y en muchas universidades financian poswgrados e investigaciones en ciencias básicas y humanas.
A pesar de que la internacionalización es su verdad de fe –se buscan como oro los estudiantes extranjeros, los profesores se trasladan, se ofrecen viajes a otros países como parte del aprendizaje–, es una globalización desigual: Estados Unidos, residencia de las escuelas de negocios más prestigiosas, exporta su modelo, sus casos de estudio, sus gurúes y sus conceptos en inglés al resto del mundo.
Justamente la cuestión de los valores origina, desde la mirada exterior, buena parte de las críticas. Se afirma que forman ejecutivos teóricos y sin contacto con la realidad empresarial, que sus clases, sus libros y sus gurúes repiten verdades de sentido común, que su calidad académica es de nivel muy dispar y que viven en una burbuja socioeconómica que no los pone en contacto con el mundo real.
De hecho, para algunos investigadores, esta elite empresarial móvil –verdadera infraestructura operativa de la globalización económica– ya conforma una auténtica clase social. "La globalización produce sus propias formaciones sociales, y una de ellas son los transnacionales", señala la socióloga holandesa Saskia Sassen. "No sólo es gente que viaja mucho o que flota entre países, sino que tiene derechos portátiles de movilidad y hasta protecciones para su residencia en distintos lugares. Se van transformando en sujetos legales con prerrogativas", apuntó.
Las escuelas, sin embargo, se mantienen florecientes y afirman que pasar por sus cursos es una experiencia personal de crecimiento. "Los ejecutivos se acercan por los conocimientos que obtienen, la red de contactos que se arma entre ellos o buscando que la universidad los ayude a cambiar de trabajo", apunta Gabriel Foglia, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo (Argentina).
DE ESTADOS UNIDOS PARA EL MUNDO.
Las escuelas de negocios, tal como hoy se les conoce en todo el mundo, son una invención estadounidense que sólo hace pocas décadas tomó la internacionalización como bandera y que desde la década del 90 sofisticó sus programas de estudio hasta convertir la gestión empresarial en "la ciencia del management", que transmiten tanto profesores doctorados en sus especialidades como ejecutivos exitosos que cuentan cómo lo lograron.
Con un lenguaje propio y compartido, estas escuelas prometen enseñar a "liderar el futuro", "pensar estratégicamente", "implementar la innovación", "impactar en el negocio", "construir empresas inteligentes" y "desarrollar una mentalidad internacional". Para ingresar, además de un buen CV y dinero o financiamiento, se requiere "actitud emprendedora", "creatividad", "visión pluralista" y, el leitmotiv, "capacidad de adaptación al cambio constante".
Los contenidos son una democrática mezcla de conocimientos duros –de finanzas, marcos legales y administración general– con recetas que remiten casi a la autoayuda: cómo ser exitoso, armar un equipo de trabajo donde la gente no discuta, respaldarse en Platón para armar un plan de marketing o motivar a los empleados sin aumentarles el sueldo.
Pero desde las escuelas, esas críticas encuentran respuesta: "Aquí hay una confusión entre una escuela de negocios y otras instituciones. Una escuela de negocios tiene un cuerpo de profesores con maestrías y doctorados en las distintas disciplinas de la gerencia. La mayoría de los asistentes son empresarios y directivos, con o sin grado. Y somos proveedores de las empresas", explica Fernando Fragueiro, director general del IAE, creado en 1978.
"El riesgo es que se multipliquen instituciones que se dedican a la educación gerencial, pero sólo contratan profesores medio tiempo o consultores", advirtió.
Eso está ocurriendo en Estados Unidos donde existen unas 800 escuelas de negocios –200 más que hace 10 años–. Su programa insignia es el Master in Business Administration (MBA, Maestría en Administración de Negocios), un postgrado en administración de negocios de dos años de duración, tiempo completo, que ofrece formación general en administración, finanzas, marketing, operaciones, logística, recursos humanos y estrategia empresarial.
Hoy, el MBA concentra sólo 20% de los estudiantes. El programa más demandado es el Ejecutivo MBA, de contenido similar pero diseñado para ejecutivos con experiencia laboral, que se cursa de manera intensiva. Paralelamente, las escuelas han diversificado su oferta y la mayor aceptación la tienen los cursos cortos y los armados a medida para las empresas.
Pero, en voz más baja, en las mismas escuelas de negocios reconocen las diferencias de calidad. "En muchos postgrados de negocios no hay rigor en el proceso de aprendizaje que se plantea en términos muy ambiguos. Se tiende mucho más al uso de eslogan y está todo viciado por un lenguaje más de publicidad que educativo", advierte Jorge Mosqueira, consultor en desarrollo organizacional y docente universitario. "Muchos de estos postgrados no implican un verdadero salto académico", admite.
Se calcula que cada año egresan 150.000 ejecutivos de los programas MBA de todo el mundo. "Hay muchos indicadores de crecimiento sostenido en el mercado. Nuevos programas MBA se crean todos los años y los cambios en la educación superior europea van a impulsar este incremento de graduados de 20.000 a 37.500 por año en ese continente", comentó Jeanette Purcell, desde Londres, donde dirige la Asociación de MBA, una de las tres organizaciones internacionales que acreditan programas de negocios. REGRESAR |
| Fecha publicada: 04/06/2007 Fuente: El Nacional Tema: educacion
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