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Digamos que fue una buena sesión de "pare de sufrir", un concierto para querer al país y a sus artistas, la mejor manera de pasarla bien, en compañía de María Teresa Chacín, que abrió fuegos descendiendo las escaleras que la llevaban al escenario del Aula Magna, en ocasión de sus 45 años cantándole a Venezuela.
Y ahí comenzó la fiesta, con canciones de Juan Vicente Torrealba, interpretadas por esta mujer que le ha dado la vuelta al mundo, cantando el inacabado repertorio de nuestros compositores. Torrealba, el gran maestro, se encontraba en la sala y recibió un estruendoso aplauso de ese gentío que cada vez que acude al Aula Magna se convierte en un espontáneo soldado de la oposición.
María Teresa estaba en su salsa y en su casa, con su gente querida, haciendo gala de su gracia y espontaneidad en un espectáculo sin gran derroche de escenografía.
Demasiadas estrellas para agregar adornos. María Teresa iba y venía, acompañada de Aldemaro Romero, Chelique Sarabia, Frank Quintero, su hermana Rosa Virginia, Carlos Moreán, El Cuarteto, Huáscar Barradas, Saúl Vera, Graterolacho y el Orfeón Universitario.
NINGÚN DESPERDICIO
El público se vino abajo con la interpretación de En este País, de Chelique Sarabia, y cantó a pulmón lleno Mi querencia de Simón Díaz. El Cuarteto, junto a Huáscar Barradas, nos emocionó tanto como el dúo que hiciera María Teresa con su hermana Rosa Virginia y los números especiales junto a Aldemaro Romero y Los Cuñaos en la interpretación de El Catire, De Repente y Pajarillo. Un banquete.
Al final, todos, incluyendo a los dos hijos de María Teresa -Mariaté y Simón Eduardo-, entonaron la canción Venezuela.
Carlos "Nene" Quintero en la percusión, Henry Rubio y Ramón Hernández en el arpa, Rafael Armas en el cuatro, Carlos Rodríguez en el bajo, Pedro Vilela en la guitarra, Giovanny Schiortino en la mandolina, Jorge Arias en la batería y Pedrito López en los teclados y la dirección general, completaron el maravilloso espectáculo que nos regaló, además, el privilegio de escuchar a maestros como Alí Agüero y Luis Rangel en el cuatro, Alfonso Berroterán en el cello y, casi al final, a Laureano Márquez, quien nos tocó la cuerda que él sabe pulsar, como es la de la risa.
María Teresa Chacín recibió del director del Orfeón Universitario, César Alejandro Carrillo, la boina que la acredita como una de las figuras de esta agrupación, a la que siempre ha pertenecido.
Fue para el público que llenó la sala del Aula Magna una tarde de emociones y buenas vibras, un encuentro con quienes nos acercan todos los días a la alegría de vivir en este país, donde la música, sus músicos y sus cantantes nos ayudan a superar algunos de nuestros muchos pesares. Gracias, María Teresa. REGRESAR |
| Fecha publicada: 06/06/2007 Fuente: El Mundo Tema: entretenimiento
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