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Cuando se ha abrazado una fe que la realidad insiste en negar, el creyente se aferra a la mentira. Ese es el trance de los que creyeron habían sido elegidos como actores históricos para cumplir en la tierra con los postulados de Marx y aplicar las ortopedias de Lenin.
En los medios oficiales puede verse esa clase de carbonarios, la mirada fija en la nada, empeñados en desoír lo que desde algún rincón la conciencia les grita.
No obstante, la incomodidad traiciona el rictus militante, y los actos fallidos afloran al discurso.
Que los estudiantes hayan salido a las calles a protestar los deja sin respuesta. No esperaban un adversario así.
El encargado de ese cadalso verbal llamado La Hojilla, transmitido a diario y en horario variable por el canal del Estado, reclamaba tontamente a los jóvenes universitarios un programa de gobierno. “¿Qué piensan hacer con las misiones?”, inquiría.
Torpe manera de desviar el asunto por parte de quien no entiende la política sino como un botín que ha de arrebatársele a otro y no como un ejercicio en que el poder se comparte en mayor o menor medida.
Los estudiantes no están en la calle para asaltar Miraflores y reemplazar al gobierno y eso lo han dicho a los cuatro vientos, o a quien quiera oírlos con atención, y queda claro para cualquiera que tenga dos dedos de frente.
De parte de los operadores al servicio del chavismo se ha querido desvirtuar el impacto simbólico de los jóvenes en la calle. Estos organizadores de la multitud monocolor no creen sino en la masa: “son apenas 2.500 adolescentes”, insistía una locutora radial.
Es notorio que son muchos más, muchísimos más, pero por supuesto su número estará limitado siempre al cupo de las universidades. ¿Eso acaso los deslegitima?
El señor de La Hojilla se mostraba perplejo porque los estudiantes ya no protestaban por el cierre del canal 2 (la no renovación de la concesión, en la jerga revolucionaria), sino que habían derivado a los “derechos civiles”.
Los derechos civiles, no hay que decirlo, inspiran una lucha permanente, que en Venezuela amerita algo más que acudir a un fiscal, ¿o no es así?
Los vituperadores del chavismo habrán de sorprenderse todavía más, porque detrás de este primer brote hay una materia pendiente. La más importante para pasar la prueba que de momento la historia les ha impuesto como generación. Los universitarios se han adelantado a otra pelea que hay que dar y tal vez con mayor ímpetu. No otra cosa, que la defensa de la autonomía amenazada por un gobierno decidido a destruir la Universidad. REGRESAR |
| Fecha publicada: 06/06/2007 Fuente: TalCual Tema: politica
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