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En la bellísima novela de Elisa Arráiz Lucca, Viernes a la sombra (Caracas: Alfa,2007.244 p.) se lee: "Somos únicos ante el mar Caribe" (p.187) porque toda ella se espiga desde una playa de nuestro litoral en donde se siente el sonido de las olas, está su cielo azulísimo, alumbra su cálido sol, se ve el verde mar y se siente su olor. Y desde esa costa se explayan los sucesos que en esta ficción se suceden: todo aquello que acaece a dos primos a los cuales la abuela les regala una casa cercana a ese piélago nuestro, dos parientes que se aman intensa y dulcemente, desde niños, con ese afecto tranquilo que no hay quien pueda contra él porque es tan sólido como el Coloso de Rodas.
Pero su autora muestra en ella una historia entrañablemente nuestra, sólidamente caraqueña porque los nacidos en esta urbe nunca nos hemos podido divorciar de nuestro mar, jamás. Y desde esa doble vivencia, la de la ciudad de Caracas y su punto cercano, tan amado por nosotros como el Ávila entrañable, acaece todo lo que les sucede a estas criaturas, seres que recuerdan vivamente todos los sucesos sobrevenidos en el país desde la resistencia contra Pérez Jiménez, el pacto de Punto Fijo, las guerrillas, la pacificación hasta el "viernes negro". Pero también el mayo parisino de 1968, San Francisco con los hippies y la Miami del "tabaratismo".
Pero lo que nos hace no soltar este libro es que por primera vez tenemos nuestra visión "socialcristiana", una historia que así como ella lo hace no había sido contada. Obra iniciadora la podemos llamar, porque por largo tiempo nuestra novela ha estado en manos de la izquierda marxista, como con Otero Silva, o en los dedos de los liberales (Uslar, Meneses, Herrera Luque) pero nunca antes hemos visto todas estas vivencias y las historias de sus propias personas con los ojos del humanismo cristiano y a través de aquellos inolvidables como Julio González, quien nos hizo leer a Jacques Maritain, Ignace Lepp o Emanuel Mounier.
Julio murió en el terremoto de 1967. A su memoria escribió Aquiles Valero su sentida elegía Catorce estaciones en la ruta de los cipreses. González desde su librería Nuevo Orden divulgó las ideas que hicieron plena la vida de los que siempre vivenciamos tales concepciones, las que aún nos llenan la vida, así las concepciones de Copei se hayan perdido en la corrupción y el parricidio y los idealistas nos hallamos alejado cuando nuestro líder, Rafael Caldera, fue "excluido" de entre ellos. REGRESAR |
| Fecha publicada: 08/06/2007 Fuente: El Mundo Tema: cultura
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