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En estos días en que los periodistas son además guerreros de sus ideas y por eso ponen en peligro sus vidas o sus libertades, nada mejor que hacer hablar a un veterano reportero y además escritor de libros que se venden como pan caliente, y no es una simple metáfora, sino que es uno de los autores más temidos porque sus textos denuncian con fundamentos problemas atroces en la administración de justicia, aunque para ello tenga que utilizar situaciones disfrazadas y personajes con otra identidad. Tiene una docena de libros y apenas anda por los 55 años. Calcula que para los 60 habrá pasado, por lo menos, las dos docenas de textos exitosos, como han sido todos los que ha escrito hasta ahora.
Ese es Alexis Rosas, aguerrido periodista margariteño, investigador y novelista de alto fuste, tal como lo demuestra con su más reciente publicación, El juicio es de Dios, de 304 páginas destinadas a contar las peripecias del ejemplar comisario de la PTJ, Ramiro Lievovich Smirnoff, quien debe descubrir al misterioso asesino de tres jueces. El desenlace es impublicable, por ahora.
-¿Cuáles de sus libros han sido más exitosos?
–Puedo decir que se han vendido 20 mil ejemplares de El terrorista de los Bush; de La noche de los ge nerales más de 10 mil, y así sucesivamente. Las editoriales pagan el diez por ciento del costo del libro al autor y por eso los escritores no podemos vivir de los libros que escribimos, a menos que los publiquemos nosotros mismos y los vendamos. Eso no me importa. Sé que al Gabo le costó mucho imponerse, y eso es lo que lo hace más valioso, porque demostró que sólo con tesón uno logra las cosas. Algunos de mis libros han sido clonados por los buhoneros, lo que motivó que José Vicente Rangel Vale me dijera, en chanza: "Por lo menos en eso te pareces al Gabo".
Me dio risa. Pero me parece deleznable que alguien copie un libro tuyo y lo venda así no más, por muy buhonero pela bolas que sea.
El que quiera vender libros que los escriba o que pague por ellos. En esto soy un pésimo revolucionario. ¡Y mire que tengo 40 años en la izquierda del país! Pero no creo que para ser revolucionario haya que ser pillo. Un revolucionario es un tipo decente, educado, que reconoce los derechos de los demás; incluso que, como decía Voltaire, sea capaz de dar su vida por el derecho que tiene el adversario a expresarse.
-¿Paga sus ediciones o usa a las editoriales para la distribución? ¿Es negocio? -Yo he pagado la mayoría de las ediciones de mis libros. No me quejo, me ha ido muy bien. Empecé en esto aupado por mi gran amigo José Vicente, a quien le agradezco el empeño que le puso a los escritores venezolanos cuando era vicepresidente de la República. Es un gran personaje a quien mucha gente le debe la vida, que merece un libro sobre su impresionante trayectoria en defensa de los derechos humanos; es lamentable que no me haya dado la oportunidad de escribirlo.
-¿Cómo trabaja para tener dos o tres libros siempre en el candelero?
–Desde que me aparté un poco de la política activa, he tenido tiempo para escribir. Es lo que más me gusta. He escrito sobre sucesos ocurridos en Venezuela que permanecen impunes, como La ma sacre de Cantaura y La masacre de Yumare. Me complace que el libro sobre Yumare haya motivado la investigación del caso en San Felipe, gracias a que el gobernador, Carlos Jiménez, acudió a los tribunales; también escribí Los últimos pájaros de la tarde, publicado por la editorial Alfadil, novela policial que a mí me gusta mucho; y La no che de los generales, sobre el golpe del 11 de abril; tengo escrito el libro del "jeque gozón" que vino a Venezuela hace muchos años y a quien pude conocer y entrevistar sobre lo que verdaderamente ocurrió entonces, y me sorprendí.
Tengo escritas cinco novelas más que iré corrigiendo poco a poco.
No hay apuro. Escribo en las mañanas y en las noches; casi no salgo de mi casa. Escribo un libro y lo guardo, después, a los meses, lo saco y lo vuelvo a leer a ver si me gusta. Nunca me gustan, porque siempre hay que corregir. Leo mucho también a García Márquez (este es el mejor escritor de habla hispana de todos los tiempos, a mi juicio), a Hemingway, Capote, Gordimer, Mailer, King y a algunos escritores venezolanos, como Ana Teresa Torres, Eloy Yagüe y Earle Herrera, mi compañero de estudios. El periodismo es fascinante y escribir libros mucho más.
-¿Cuál es el origen de "El terrorista de los Bush", otro de sus libros? -Creo que para eso ha influido mi trabajo reporteril de muchos años, por el periodismo policial y el periodismo judicial. La investigación, que realizamos Ernesto Villegas y yo, para El terrorista de los Bush, que es la historia de Luis Posada Carriles, uno de los policías que mayor número de asesinatos cometió en nuestro país, incluyendo la voladura del avión cubano, en 1976, abarca desde 1961 hasta ahora. Es la historia verdadera de un sociópata que toda la vida ha sido protegido desde Estados Unidos, debido a su relación con George Herbert Bush, el padre del actual presidente, y esta historia demuestra que la realidad supera a la ficción y que los cuerpos policiales de Venezuela fueron inoculados con el virus de la corrupción y la violación de los derechos humanos desde hace cuatro décadas, pero lo peor es que en este proceso revolucionario las cosas no han cambiado, porque, en lugar de leyes nuevas, lo que necesitamos es un cambio en la mentalidad policial, que el policía sea formado para servir y no para ser un malandro, para abusar de su poder. El juicio es de Dios se basa en eso: en la corrupción policial y judicial. Usted lee la novela y se percata enseguida en dónde está la verdad y dónde la ficción. Hay gente que la ha leído y me ha dicho: "Bueno, eso que tú escribiste es la pura verdad, eso es lo que está sucediendo".
-¿Qué pasó con el periodismo? ¿Da más satisfacciones la ficción literaria o menos inconvenientes? -Ejercí el periodismo durante casi 30 años. Eso no se pierde, uno no es ex periodista; podría decir, parafraseando al Che Guevara, que uno seguirá siendo periodista siempre y cuando sea capaz de indignarse ante la injusticia. Es lamentable que algunos camaradas de estos tiempos se hayan olvidado de eso. Me indigna cuando algunos sujetos que se dicen revolucionarios agreden a los reporteros. Mi mujer, Beatriz, fue reportera, y una de mis hijas, Violeta, también lo es y ha sufrido por eso. La adoro, la amo, me gusta que luche por sus derechos, porque yo lo hice siempre, y eso fue lo que le enseñamos su mamá y yo. Cuando los desadaptados atacan a los reporteros, no están actuando como revolucionarios, sino como fascistas; son tipos que actúan en grupo, pero solos son cobardes.
Esto le hace mucho daño al gobierno, porque están haciendo lo mismo que los adecos y copeyanos me hicieron a mí, a Desirée Santos, a Teresita Maniglia, a Vladimir Villegas, que más que mis colegas son mis hermanos.
Entonces, en esto no hemos cambiado; debemos cambiar para demostrar que somos diferentes; si no, corremos el riesgo de pasar a la historia como más de lo mismo. También son fascistas los oposicionistas que agreden a los reporteros de VTV, Vive TV, Radio Nacional, Radio Mundial, etcétera. Todos esos periodistas cumplen con su trabajo y eso hay que respetarlos.
Finalmente, como para que na- die lo olvide, advierte: "No creo en los inconvenientes, como reportero fui amenazado de muerte muchas veces y nunca le paré a eso.
Tampoco creo que la ficción literaria dé más satisfacciones que el periodismo. Cada cosa en su lugar.
Gocé una bola ejerciendo el periodismo, con todo y las presiones y los despidos, porque verdugo no chilla, pero ya cumplí mi ciclo, y ahora estoy gozando una bola y parte de otra escribiendo libros.
Mejor imposible, ¿verdad? REGRESAR |
| Fecha publicada: 08/06/2007 Fuente: El Mundo Tema: medios
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