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Ofelia Cedeño no recuerda ya cuándo fue la última vez que pudo realizar toda la compra de sus víveres en el supermercado y el frigorífico ubicados cerca de su casa en la calle Nueva de Maiquetía.
"Esa era mi costumbre hasta que comenzó la escasez de ciertos productos. Ahora tengo que visitar más de diez establecimientos para poder hacer una compra completa y hasta que dirigirme a otras parroquias como Catia La Mar o Macuto en busca de carne, caraotas negras, aceite, leche y azúcar, productos difíciles de ubicar en los establecimientos comerciales", advierte la ama de casa varguense.
Al igual que Cedeño, otros usuarios del Mercado Municipal de Maiquetía reconocen que más allá de la falta de algunos productos, lo que más inquieta es la peregrinación de los consumidores para ubicarlos.
"Tengo ya ocho días comprando comida. La carne en el mercado, que es el único lugar donde uno la encuentra regulada, aunque sin mucha variedad de cortes. Un producto se adquiere donde los buhoneros, otras en el Mercal y aceite en pequeña presentación en la panadería. Por lo general, aunque son productos regulados, uno los adquiere muy por encima del precio. Esto afecta el presupuesto familiar y la posible planificación que uno hace para rendir el dinero", agrega Gilberto Rodríguez, quien hacía una pequeña cola en la carnicería del mercado maiquetieño, donde tímidamente se ofrecían cortes de segunda y tercera.
En cuanto a los productos que registran mayor escasez en el estado costero, además de la carne de primera, se encuentran la harina de maíz, la azúcar blanca, caraotas negras y el aceite.
Este último sólo se halla en los anaqueles comerciales en presentaciones de oliva y de canola -planta de flores amarillas cuyas semillas se trituran para extraer el aceite-- cuyos precios están muy por encima del aceite vegetal regulado.
"El problema esta concentrado en fallas de producción y de distribución. Regularmente uno recibe 50 cajas de aceite de maíz, lo que equivale a unos 600 litros, pero en el último mes apenas suministran la mitad del pedido. Eso se traduce en clientela que no puede adquirir su producto y obliga al comerciante a despachar condicionado o imponer cantidades para que el producto que llega sea aprovechado por mayor número de consumidores", expresa Rafael Fernández, propietario de un automercado en Catia La Mar.
El comerciante señaló como ejemplo el anuncio puesto en las cajas donde permitían la compra de cuatro paquetes de harina de maíz por cliente, ante la actitud molesta de ciertas amas de casa desesperadas, que no dejaban que el producto que recién llegaba al local fuese siquiera puesto en el estante.
En cuanto a la oferta de los establecimientos pertenecientes a la red Mercal, el panorama de escasez no es diferente.
Los encargados revelan que el abastecimiento es irregular. El símbolo que delata la llegada de los insumos de primera necesidad es la larga fila que suele formarse fuera de los establecimientos más emblemáticos como La Guaira, Week-end o Mare Abajo, donde los consumidores soportan hasta tres horas de sol y cansancio por conseguir los ansiados productos de consumo masivo. REGRESAR |
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