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Ayer en la mañana lo que alguien llamó "el espíritu de la crítica", se inclinó por El tren pasa primero, libro editado por Alfaguara que narra la historia de un hombre llamado Demetrio Vallejo. Célebre líder ferrocarrilero de la provincia de Oaxaca, en 1959 este hombre paralizó todo México al pedir un aumento para los empleados del ferrocarril. El hecho desencadenó la violenta represión del gobierno y lo llevó a la cárcel durante 11 años y medio. La singular epopeya de este héroe del movimiento sindical mexicano llevó a Elena Poniatowska a convertirse en la ganadora del XV Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.
"Me siento muy contenta, agradecida y feliz por la decisión del jurado. En este momento recuerdo la primera vez que fui a Caracas y conocí La Guaira porque fui en barco. Hace poco iba a hacer una gira y quería visitar Venezuela porque me habían invitado pero al final se canceló ", comentó la ganadora desde su casa en el distrito federal mexicano.
Sobre la historia que narra en El tren pasa primero, la autora explicó: "Sobre todo se trata de rendirle homenaje a un sindicalista limpio.
En general, los sindicatos son muy corruptos, nosotros por ejemplo tenemos el mayor sindicato de América Latina que es el de los maestros mexicanos. Este libro lo empecé hace mucho y lo dejé porque no tenía tiempo. Finalmente volví a retomar la historia y me llevó casi dos años de trabajo".
La autora fue jurado de este galardón en la edición de 1995, cuando resultó ganador el español Javier Marías: "Es una gran sorpresa. Nunca me lo imaginé porque antes fui jurado del premio y siempre he pensado que como jurado nunca se gana nada".
Acerca del destino de los 100.000 dólares que forman parte del premio, la narradora comentó risueña: "Bueno, creo que lo primero que haré será pagar algunas deudas y el resto se lo daré a mis hijos.
A mí el dinero me quema las manos, por eso siempre lo estoy dando".
De la palabra femenina.
La intensa presencia de escritoras en las convocatorias literarias fue comentada por Poniatowska: "Creo que se está tomando más en cuenta a las escritoras. Hay muchas que admiro muchísimo como Maria Luisa Puga y recuerdo especialmente a dos que quise mucho: Elena Garro y Rosario Castellanos. También debemos recordar que la mayor escritora de América Latina, Sor Juana Inés de la Cruz, fue mexicana".
Acerca de su trabajo literario, la autora comentó: "Ahorita acaba de aparecer en México un libro que se llama Amanecer en el zócalo, donde narro el plantón que hicieron los ciudadanos mexicanos cuando Andrés Manuel López Obrador perdió las elecciones. Es un diario que escribí durante los 50 días del plantón, pero también recoge mucho de las opiniones y los trabajos de los reporteros".
En la vasta obra de Elena Poniatowska, literatura y periodismo se funden producto de su intensa pasión por la palabra: "Pienso que en mi caso la literatura y el periodismo son una zona continua. Aunque es más agradable hacer ficción que periodismo porque en las novelas todo depende de uno. En el caso del periodismo siempre tienes que estar atento porque va a haber muchísimas protestas si te equivocas. La crónica me gusta muchísimo y he hecho miles de entrevistas".
Mandan las mexicanas.
En las cuatro décadas de existencia del premio, esta es la segunda ocasión en que una escritora merece el máximo reconocimiento de las letras venezolanas. Otra mexicana, Ángeles Mastretta fue la vencedora en la edición de 1997 con la novela Mal de amores: "Elena se lo merece, es una maravilla, una mujer talentosa y llena de capacidad de trabajo que ha desarrollado una prosa bellísima en todos sus libros", comenta emocionada la escritora. Acerca de la importancia que tuvo el galardón en su carrera, Mastretta aseveró: "Me parece que además de que una tenga su trabajo y su prosa, su pasión por las palabras, faltan estos premios por la buena fortuna que traen al hacer coincidir el tiempo y los lectores. Recibir el premio Rómulo Gallegos es un honor importantísimo porque lo otorgan otros lectores y no las editoriales. Allí se evidencia la generosidad y el buen gusto, para mí fue un premio muy bello que me ayudo muchísimo para ser reconocida como una escritora con lectores".
El jurado integrado por la hondureña Helen Umaña, los españoles Isaac Rosa, Juan Madrid y los venezolanos Luis Britto García y Luis Navarrete Orta, resaltó en el veredicto: "La densidad temática y estilística (...) que compendia la narrativa intimista y la novela coral, combinando con rara maestría la tensión poética con un lenguaje certero y coloquial (...) en esencia, una epopeya colectiva por la dignificación del trabajador, mediante la reconstrucción ficcional de hechos reales".
Las obras finalistas de la justa fueron Tres lindas cubanas, de Gonzalo Celorio; Los mi nutos negros, de Martín Solares y El ejército iluminado de David Toscana.
Las letras criollas.
Pese a la nutrida representación nacional (participaron 44 obras), resalta que en los 12 preseleccionados, el único venezolano escogido fue el escritor Carlos Noguera con Los cristales de la noche, su más reciente novela.
Al respecto, el académico Luis Navarrete Orta comentó: "Quiero dejar claro que no me planteé la necesidad de que ganara un país, ni siquiera el mío y menos, por supuesto, que ganaran mis amigos. Allí concursaron personas muy cercanas a mí como Judit Gerendas, Stefania Mosca, Mercedes Franco y Alberto Barrera Tyszka, ganador del Premio Herralde. Con este último tengo una excelente relación desde que le di clases en la escuela de Letras de la UCV pese a que tenemos posiciones políticas e ideológicas diferentes, pero eso no importa. Las cosas políticas nos separan pero eso tiene que ver con la circunstancialidad de la historia venezolana, no es lo fundamental".
Acerca de las novelas presentadas, el estudioso acotó: "Cuando me las leí nunca me planteé que fueran ganadoras. Desde el primer momento lo supe porque ya había leído otras que estaban en un nivel superior, a mi juicio. De hecho los jurados españoles fueron los que propusieron a Carlos Noguera y obviamente lo acogimos, porque es un tremendo escritor que se viene desarrollando desde hace muchos años".
La investigadora hondureña, Helen Umaña opinó sobre su experiencia como jurado: "En Centroamérica tenemos el problema de que estamos muy aislados.
Allá no llegan muchos autores venezolanos aparte de los tradicionales como Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva y Arturo Uslar Pietri. Entonces de repente te encuentras con 40 novelas venezolanas y advierte que es un continente que desconoces y se te revela la riqueza de la literatura venezolana".
Entre las obras de autores nacionales que más le impresionaron, Umaña destacó: "Especialmente me llamaron la atención Los cristales de la noche y La enfermedad, de hecho una de ellas la presenté hasta el final. Esta es una literatura rica, temáticamente interesante y formalmente muy dinámica.
Creo que están muy bien los venezolanos".
El escritor español Juan Madrid, resaltó las nuevas tendencias que descubrió al leer las obras competidoras: "Se nota el abandono del experimentalismo frío que no conduce a nada. Hay una apuesta decidida por la narratividad, son novelas narrativas donde la experimentación se siente en la comunicación y sobre todo se nota el abandono del nouveau roman que hizo mucho daño en Europa y América Latina. Pareciera que algunos escritores se deprimen mucho porque están lejos de París, ahora son los franceses los que tiene que estar deprimidos por estar tan lejos de Latinoamérica".
Impresionado por la riqueza temática de las novelas concursantes, el autor aseveró: "Donde se está haciendo la literatura más interesante es en Latinoamérica, no digo en España ni digo lengua española. Estoy absolutamente convencido de que el discurso alternativo literario se está dando en este momento en América Latina".
Isaac Rosa, anterior ganador del premio, resaltó la importancia de la temática que desarrollan los autores latinoamericanos: "Hay una literatura en estos países que está mirando a la realidad conflictiva latinoamericana. Sea de lo que sea, novelas históricas, sociales, políticas, familiares o de memorias no están ajenas a la realidad conflictiva del continente. Mientras que las novelas españolas plantean todo lo contrario, hacen una literatura que no mira los problemas, los escritores españoles miran para otro lado o se miran a sí mismos. Hay una especie de ombliguismo literario que es ajeno a la realidad conflictiva que se vive en las sociedades europeas". REGRESAR |
| Fecha publicada: 27/06/2007 Fuente: Primera Hora Tema: cultura
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