Sustituir las importaciones colombianas por productos argentinos tendrá sus beneficios, pero también sus costos.
Y eso lo saben muy bien quienes se mueven en el mundo empresarial, desde el lado privado o público, y sacan cuentas por cada dólar que tienen que erogar, más aún con las dificultades que impone el control cambiario.
La cercanía de Colombia y un mercado 'hecho' contrastan con una relación por construir y la lejanía del país austral.
Medianos empresarios, transformadores de materia prima importada, se preparan para traer desde Argentina lo que compraban en Bogotá, Cali y Medellín desde hace más de una década.
'No podemos parar el aparato productivo por la situación con Colombia. O buscamos alternativas, o bajamos la santamaría', expresó un empresario del sector de artículos de cuidado personal que se prepara para comprar en el sur componentes plásticos y telas, y que, por cierto, espera aprobación de certificados de no producción desde hace 63 días.
¿Que si es más barato?, más de uno lo duda. Pero este empresario señala que, como dice el refrán, 'no hay bien más caro que el que no existe'.
El ministro para el Comercio, Eduardo Samán, asegura que el cambio de mercado no representa incremento en los costos, ya que los fletes por barco desde Argentina son más baratos que los de Colombia, que se hacen por vía terrestre.
El empresario coincide con el señalamiento, alegando que Colombia tiene una de las gasolinas más caras del mundo y eso eleva los costos.
'Si la mercancía pasa por Panamá, se hace todavía más caro el proceso', dijo.
Pero los nacionales tienen en su contra el tema arancelario.
Con Colombia, Venezuela tiene arancel cero, pero con Argentina de 5%, 10% y 15%.
La intervención directa del Gobierno en el manejo de las relaciones económicas les permite pensar que algo pudiera hacerse para bajar los aranceles.
Los empresarios confían en que desde el Ejecutivo se garantizará el pago de las deudas a los proveedores argentinos.
En el nuevo escenario hay un factor que no puede quedar por fuera, es el tiempo, el cual implica cambios. En vez de los 25 días que se manejaban con Colombia para un inventario de entre 30 y 45 días, ahora tendrán que trabajar en función de 52 días para un stock de tres meses.
Allí sale a relucir la estrategia de manejar economías de escala para hacer rendir las divisas en momentos de escasez.
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